Latinoamérica y el tercer mundo en la esfera internacional
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Resumen
Octubre de 1945. Cincuenta Estados se congregan en la ciudad de San Francisco para dar forma a la Organización de las Naciones Unidas. Grandes y pequeños en pie de una supuesta igualdad comparten la responsabilidad de mantener la paz y seguridad internacionales. El órgano principal es el Consejo de Seguridad que cuenta con amplios poderes reforzados por la existencia del veto. Es cierto, es antidemocrático, pero después de todo son las grandes potencias las que pesan en el escenario mundial y no los Estados pequeños o medianos que no tienen más poder que su voz y voto. Para éstos se instituye la Asamblea General con facultades puramente consultivas y recomendativas, a pesar de agrupar en su seno a todos los Estados-miembros. Sin embargo, si se quiere evitar un fracaso, la estructura de la nueva organización tiene que reflejar la realidad internacional y de hecho lo hace. Son las grandes potencias las que deciden el destino de la humanidad; para ser concretos, los Estados Unidos y la Unión Soviética ahora en un mundo polarizado en dos grandes bloques que propugnan dos concepciones políticas, económicas y sociales opuestas entre sí. Capitalismo o socialismo, no hay alternativa, ni un tercer camino. Junto a los Estados Unidos, del lado del bloque occidental, se sitúan las naciones latinoamericanas que deslumbradas por la idea de una democratización de las relaciones internacionales son activas participantes en la organización del nuevo experimento mundial. Ya en la Conferencia de Chapultepec habían expresado sus puntos de vista respecto a la estructuración del organismo. Con un planteamiento lógico demandan la extensión de poderes de la Asamblea General, por ser éste el cuerpo en donde están representados todos los Estados, y una representación adecuada de los países latinoamericanos en el Consejo de Seguridad. Pobres ilusos, el tiempo les demostraría que la ansiada democratización de las relaciones internacionales era sólo un conjunto de buenas intenciones. Los problemas reales de la América Latina, sus problemas políticos, es decir sus problemas con los Estados Unidos, no serían discutidos, salvo con raras excepciones, en ese foro internacional. Éstos serían mediatizados en la Organización de Estados Americanos en donde la preponderancia del llamado "coloso del norte" junto a las naciones del otro lado del río se traduciría perfectamente en la caracterización del "tiburón y las veinte sardinas". No obstante, la América Latina nunca perdió su tremenda fe en la Organización de las Naciones Unidas. Después de todo, era el único lugar a nivel internacional en donde se podía expresar libremente la opinión respecto a los asuntos mundiales y denunciar las injusticias cometidas contra esa área del globo desde ya hacía tanto tiempo. Sin embargo, habría que esperar algunos años para que esta voz de denuncia se hiciera más sonora, engrosada por la presencia de nuevos Estados que se negaban rotundamente a pertenecer a uno u otro bloque y dejar sus destinos en manos de los grandes. Con el surgimiento del "tercer mundo", la relación de fuerzas en la esfera internacional se alteraría sustancialmente. Mientras llegaba el momento, los pueblos latinoamericanos laboraban en las Naciones Unidas para facilitar el camino hacia la independencia de los pueblos todavía sometidos por el yugo colonial. Al liberarse, éstos se encontrarían en igualdad de condiciones con los latinoamericanos, no sólo por su pasado colonial, sino por su condición actual de naciones subdesarrolladas y explotadas. La similitud de condiciones fue la fuerza que unió a la América Latina, África y Asia en el llamado "tercer mundo".