Journal of Behavior, Health & Social Issues



Editorial

Dra. Bertha L. Nuño-Gutiérrez


La adolescencia definida como la etapa de la vida entre los 10 a 19 años se caracteriza por cambios físicos, psicológicos, cognitivos y sociales rápidos, que la convierten en una etapa crucial para la salud y el desarrollo. La juventud comprende el periodo de los 20 a los 25 años, representa una etapa de transición y consolidación más estable, marcada por la búsqueda de sentido, la construcción de autonomía y la definición de trayectorias de vida. En esta etapa con-viven grandes potencialidades con vulnerabilidades que requieren acompañamiento y apoyo adecuado (WHO, 2025).


Dadas estas características tan particulares y complejas en la vida humana, surge la necesidad de explorarlas con mayor profundidad. Este número especial del Journal of Behavior, Health & Social Issues busca reconocer tanto los riesgos como las capacidades de agencia de adoles-centes y jóvenes.


Se ha optado por hablar de “adolescencias” y “juventudes” en plural, porque estas etapas no se viven de manera uniforme, ni universal. Cada persona transita estas fases en diferentes contextos sociales, culturales, históricos y estructurales, lo que genera experiencias diversas y desigualdades que requieren respuestas diferenciadas desde la investigación, la intervención y las políticas públicas. No todas las adolescencias y juventudes están igualmente expuestas a la pobreza, violencia, abuso, trauma, discriminación o acceso a la salud, educación y seguridad (UNFPA, 2015).


Los trabajos que integran este número comparten distintos enfoques metodológicos y concep-tuales, pero coinciden en un eje común: la salud mental juvenil como un fenómeno complejo, influido por variables psicológicas, sociales, culturales y estructurales. La ansiedad, evitación experiencial, ajuste psicológico de la sexualidad, trauma, ideación e intento suicida no se presentan como categorías aisladas, sino como expresiones de contextos que demandan re-spuestas integrales desde la investigación, la intervención y la política pública.


Uno de los aportes centrales de este número es visibilizar cómo la salud mental se distribuye de manera desigual entre los jóvenes, especialmente en relación con las identidades sexuales y de género. El estudio realizado con estudiantes normalistas de Jalisco muestra con claridad que pertenecer a la comunidad LGBTIQ+ se asocia con niveles más elevados de ansiedad y con una mayor demanda insatisfecha de servicios de salud mental. Más allá de los indicadores clínicos, los hallazgos apuntan a barreras estructurales y simbólicas que limitan el acceso a

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la atención psicológica y psiquiátrica, incluso cuando existe reconocimiento de la necesidad de ayuda. La ansiedad, entonces, deja de ser solo una respuesta individual para convertirse en un reflejo de contextos marcados por la discriminación, la violencia y la exclusión, recordándonos que la salud mental está ligada con los derechos humanos.


En estrecha relación con lo anterior, otro de los artículos se enfoca en la evitación experiencial como un proceso psicológico clave para comprender el malestar emocional en jóvenes universi-tarios. La validación del AAQ-II en su versión de ocho ítems no solo aporta una herramienta psi-cométricamente sólida para el contexto mexicano, sino que refuerza la evidencia sobre la fuerte relación entre evitación experiencial y ansiedad. Este trabajo invita a reflexionar sobre cómo los intentos persistentes por evitar pensamientos, emociones o sensaciones desagradables pueden intensificar el sufrimiento psicológico, y abre la puerta a intervenciones basadas en la aceptación y la flexibilidad psicológica, particularmente pertinentes para poblaciones jóvenes que enfrentan altas demandas académicas y personales.


La dimensión corporal, erótica y de género aparece con fuerza en el estudio cualitativo y cuan-titativo sobre mujeres jóvenes y su ajuste psicológico en la vivencia de la sexualidad. Los resul-tados muestran que, aunque emergen discursos de autonomía e igualdad, persisten mandatos de género que restringen la expresión del placer femenino y generan interferencias emociona-les en el comportamiento erótico. Las diferencias encontradas entre hombres y mujeres en las respuestas conductuales ante estímulos eróticos evidencian que el bienestar psicológico en la sexualidad no puede entenderse sin considerar las relaciones de poder, las normas sociales y los procesos de socialización de género. Este trabajo aporta una mirada necesaria y poco explorada en la investigación psicológica con jóvenes, al situar el erotismo como un espacio legítimo de análisis del bienestar y la salud mental.


Desde otra arista de la vulnerabilidad, el estudio comparativo de instrumentos para evaluar sín-tomas de trastorno por estrés postraumático en adolescentes víctimas de abuso sexual pone de relieve la importancia de contar con herramientas válidas, sensibles y éticamente adecuadas para la detección y el seguimiento clínico. Los resultados confirman que tanto el CRIES-8 como el PCL-5-A son útiles, aunque con funciones distintas: uno para el cribado temprano y otro para una evaluación más profunda. La alta prevalencia de síntomas y las diferencias encontradas por sexo, con mayor afectación en mujeres, subrayan la urgencia de fortalecer los sistemas de detección temprana y atención especializada para adolescentes que han vivido experiencias traumáticas, evitando la revictimización y promoviendo la recuperación.


Por último, el estudio sobre ideación e intento suicida en estudiantes universitarios de psicología confronta al lector con cifras preocupantes y con la necesidad de abordar la conducta suicida desde una perspectiva preventiva y contextualizada. La fuerte asociación entre depresión y con-ducta suicida reafirma su papel como principal factor de riesgo en esta población, mientras que el hallazgo del posible efecto protector de la ansiedad plantea interrogantes relevantes para futuras investigaciones. Más allá de los resultados específicos, este trabajo enfatiza la responsabilidad

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de las instituciones educativas en la promoción de la salud mental, la detección temprana y la creación de entornos universitarios más sensibles al malestar emocional de sus estudiantes.


En conjunto, los artículos de este número especial nos invitan a superar miradas simplificadoras sobre la adolescencia y la juventud. Lejos de concebirlas como etapas homogéneas o prob-lemáticas por naturaleza, los estudios aquí reunidos muestran adolescentes y jóvenes diversos, situados en contextos desiguales, que enfrentan retos significativos y despliegan recursos psi-cológicos y sociales. La evidencia presentada refuerza la necesidad de enfoques intersecciona-les, culturalmente pertinentes y éticamente comprometidos en la investigación en salud mental.


Como editora invitada, celebro la pluralidad de enfoques y metodologías que conforman este número y confío en que sus aportaciones contribuyan no solo al avance del conocimiento científ-ico, sino también a la construcción de prácticas profesionales más humanas, inclusivas y sensi-bles a las realidades de adolescentes y jóvenes. Que este número sea, además, una invitación a seguir investigando, dialogando e interviniendo desde una psicología comprometida con el bienestar, la dignidad y los derechos de las adolescencias y juventudes.