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Elissa J. Rashkin Mujeres cineastas en México México: Universidad Veracruzana, 2015 ISBN: 978-607-502-408-0

 

Elissa Rashkin en su libro Mujeres cineastas en México nos abre una ventana hacia el mundo de la vida creativa de las directoras de cine más importantes de este país, así como a las batallas libradas por el hecho de ser mujeres, dentro de una industria manejada principalmente por hombres.

A pesar de los obstáculos y prejuicios enfrentados, estas mujeres cineastas han contribuido a cambiar los estereotipos y roles de género que el cine mexicano había proyectado la mayor parte del siglo XX, y se han atrevido a contar su visión de la otra parte del cine, o como ellas lo denominan: “el otro cine”, en donde se proyectan historias de mujeres reales, libres de los estereotipos patriarcales que la Época de Oro del cine mexicano se había encargado de popularizar dentro de la pantalla grande: la representación femenina de la madre abnegada y sumisa, papel roto a través de producciones cinematográficas como “Lola Casanova”, de 1948, cuya directora y guionista fue Matilde Landeta, pionera en la industria cinematográfica mexicana.

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Mujeres cineastas en México es, a la vez, una obra donde se nos relata la parte histórica de la cinematografía femenina, al irnos situando en hitos importantes establecidos por las mujeres cineastas en esta industria, como las hermanas Dolores y Adriana Ehlers, pioneras en el dominio de la técnica fotográfica, y quienes, asimismo, fueron de las primeras mujeres financiadas como productoras de películas y documentales, y, también, entrenadas en las escuelas de cine más importantes de Norteamérica. Las hermanas Ehlers son conocidas no solo por dominar el arte de hacer películas, sino por ser mujeres con mucha influencia política, por ser emprendedoras y ser mujeres de negocios dentro de la industria fílmica. Otros hitos importantes en la historia del cine mexicano presentados por Elissa Rashkin son los de la Época de Oro del cine mexicano, la cual abarca los años de 1936 a 1956; la época del “Nuevo cine” en los años 60; la decadencia del cine experimentada durante los años 80, y el resurgimiento del llamado “nuevo cine mexicano”. Dentro de cada uno de estos periodos históricos del cine mexicano, la autora nos va mostrando los estereotipos con los cuales se estigmatizaba a las mujeres dentro del cine. Por ejemplo, en uno de sus capítulos describe cómo la producción fílmica de la Época de Oro del cine mexicano fue predominantemente producida, dirigida y distribuida por hombres. Durante esa época -señala Rashkin-, las películas mexicanas fueron exportadas al mundo con la imagen de la mujer sumisa al hombre, relegada a la figura de cuidadora y fiel madre, y esposa abnegada en el hogar.

Por otro lado, las “Adelitas”, imagen de las mujeres “revolucionarías”, se presentaban muy estilizadas y maquilladas, para convertirlas en figuras de exportación del imaginario del cine mexicano para el mundo. Estas mujeres estereotipadas estaban lejos de representar a las soldaderas y coronelas reales de la época de la Revolución, como lo fueron, la coronela Alanís, luchadora del partido del movimiento feminista obrero, y la coronela Rosa Bobadilla, filántropa y quien atendía a viudas y huérfanos de la revolución. Estas mujeres fueron invisibilizadas por estos personajes estereotipados de las “Adelitas”, representando el modelo star system hollywoodense, para convertirlas en las divas de México, tal y como lo fueron María Félix y Dolores del Río. Así es como lo femenino se personificaba junto al charro cantor, aquel arquetipo viril y conquistador de mujeres, el macho mexicano, como lo podemos apreciar en la afamada película Allá en el rancho grande, filmada en 1936 por Fernando de Fuentes.

Dentro de algunos aspectos importantes destacados por Elissa Rashkin se encuentra también el tipo de géneros cinematográficos producidos tomando en cuenta los factores sociales, políticos, económicos e incluso psicológicos predominantes en el país. Así es como el cine de oro mexicano se consolidó, basándose en los ideales de la Revolución, en donde la nación era el enfoque central para los cineastas, así como la construcción de una identidad nacional mediante la mexicanidad como una cultura anticolonial. De hecho, durante esta época se produjeron géneros cinematográficos como los melodramas familiares y patrióticos, la comedia musical ranchera y de cabareteras. No obstante, ninguno de estos géneros representaba a la mujer real, ni siquiera su vida cotidiana se parecía en nada a la mujer romántica y tonta con la cual se la identificó en la Época de Oro del cine mexicano.

Cada época en la historia del cine ha estado llena de prejuicios y limitaciones para las mujeres, y se han intensificado con estereotipos como el de “mujer vampiresa”, confeccionado en la época de los años 60; mientras que en los años 70, la mujer se cosifica como objeto sexual en las películas de “ficheras”, como Muñecas de media noche, del director Rafael Portillo. Lo anterior se constituyó como un gran desafío para las mujeres cineastas, quienes buscaban producir cintas desde el punto de vista de la mujer.

Durante estas décadas, los movimientos estudiantiles y feministas fueron un boom y un medio para sacar al cine mexicano de la decadencia. Así nació el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, para dar paso al “Nuevo cine mexicano” dirigido por mujeres, políticamente activas y pertenecientes a colectivos feministas a favor de los trabajadores y de los homosexuales. La directora de cine Matilde Landeta, expresaría que hacer “el otro cine” significaba empezar a crear el “otro mundo”, pues “las mujeres somos la otra mitad de la humanidad y resulta vital que también como mujeres podamos explicar el mundo que solamente ha sido contado por hombres”. Fue precisamente en el CUEC donde se formarían mujeres cineastas como Marcela Fernández Violante, guionista y directora del largometraje De todos modos Juan te llamas, de 1975. Para los años 90, el nuevo cine mexicano dirigido por mujeres ya muestra la represión y la discriminación cotidiana hacia la mujer en los largometrajes como Danzón, de María Novaro, Los pasos de Ana de María Sistach y Novia que te vea, de Guita Schyfer.

Nos encontramos con un libro no sobre feminismo, sino sobre las historias de las mujeres cineastas en México, quienes se enfrentaron a diversos desafíos y obstáculos para hacerse un espacio en la industria cinematográfica, la cual estaba dominada por hombres, tanto en la dirección como en otras áreas clave de la producción. Las cineastas tenían que enfrentar la resistencia de una sociedad que no las veía como creadoras o líderes en el campo cinematográfico, pues eran subestimadas y se les negaba la autoridad y el reconocimiento profesional que merecían debido a su género. A pesar de estos desafíos, algunas mujeres cineastas lograron abrirse camino y hacer contribuciones significativas al cine mexicano.

Ampliamente recomendado, al hacer este reconocimiento a las mujeres pioneras del cine mexicano y a cómo fueron desafiando las barreras y dejando un legado importantísimo para las generaciones futuras de mujeres cineastas. Relata su perseverancia y reconoce el talento que las hizo allanar el camino para una mayor representación y reconocimiento de las mujeres en la industria cinematográfica.

En la portada, hecha por la artista plástica Lizzet Luna Gamboa, se identifica una lata de filme con mariposas posadas sobre la película, a modo de platillo, la cual se encuentra sobre una mesa con mantel y cubiertos, lista para ser degustada.