En el tomo I de Miradas de género desde el norte, coordinado por María del Rosario
Varela Zúñiga, se encuentran reflexiones sobre la categoría de género desde diferentes
perspectivas y ámbitos sociales. La primera parte, “Género, feminismo y movimientos
sociales”, consta de dos escritos: el primero, intitulado “El género: sus pendientes
y potencialidades para el cambio social. Algunas consideraciones desde el norte de
México”, de Cirila Quintero Ramírez, retoma el carácter revolucionario y potencialmente
subversivo del concepto género, por haberse “perdido” en el contexto de la lucha feminista.
Para tal meta, recurre principalmente a las aportaciones de Rita Segato y Joan Scott,
haciendo hincapié en el dinamismo del género, en donde están insertos hombres y mujeres,
en estructuras sociales determinadas espacial y temporalmente, caracterizadas por
símbolos y significados expresados mediante la herramienta del lenguaje.

El género no debe limitarse a una categoría analítica, sino constructora y estructuradora,
para poder derivar, a su vez, en un aspecto transformador (en lo social, político,
económico y cultural). Cuando se mira la lucha de las mujeres desde la óptica de la
perspectiva de género, se visualiza la complejidad dentro del movimiento, debido a
lo heterogéneo de las reivindicaciones históricas, engarzadas con demandas novedosas.
Así, la lucha de mujeres, desde la perspectiva de género, tiene el carácter revolucionario,
al cuestionar a la sociedad establecida. Para ello es menester también preguntarse
por la relación e interacción de hombres y mujeres, pues estos también están a merced
de las significaciones y construcciones simbólicas que hace una sociedad en un periodo
y lugar determinado. Por lo anterior, es necesario una deconstrucción de la masculinidad
impuesta por el sistema patriarcal, para esto, los hombres no solo deben cambiar las
formas en las cuales se relacionan con las mujeres, sino también la forma en cómo
interactúan entre ellos.
En el segundo trabajo, “Cuerpos o monumentos”, Ana Isabel Pérez-Gavilán Ávila, apoyándose
en material fotográfico de distintas manifestaciones feministas -aunque haciendo hincapié
en la realizada por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra
la Mujer (acaecida el 25 de noviembre de 2019)- analiza los mensajes pintados en monumentos
emblemáticos de la Ciudad de México, como lo son el Hemiciclo a Juárez o el “Ángel”
(aunque en realidad es Niké) de la Independencia. Recurre para este análisis a la
epistemología feminista, análisis del discurso, semiótica visual y a la filosofía
de la comunicación. La autora explica la distinción entre iconoclasta y vandalismo,
refiriéndose la primera a la destrucción de imágenes artísticas por lo que representan,
y el segundo a una destrucción irracional de arte por el hecho de serlo. Lo iconoclasta
implica cierta lógica guiada por una ideología en contra de otras ideas impuestas.
El vandalismo es un descontento generalizado que destruye de manera caótica. El que
respecto a los aludidos monumentos, los medios y autoridades los hayan tachado de
ser vandalizados, responde a la idea positiva y capitalista del espacio público como
masculino (gobernante) como el único autorizado a cambiarlo, y no como un espacio
común de todos y simbolizado socioculturalmente. El concepto de patrimonio cultural
tiene sus orígenes desde la consolidación de los Estados-nación y la “democracia”
(liberal), entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX, cuando se crean los relatos
heroicos de cada nación, plasmados en monumentos considerados patrimonio (cuya etimología
viene de pater, o sea, padre). Por ello, concluye la autora, la importancia de cambiar el concepto
de patrimonio, la herencia cultural, y cuestionar cómo muchos de los monumentos tienen
una génesis basada en la rapiña, la hegemonía eurocéntrica, el colonialismo y el heteropatriarcado,
que han excluido, sometido y asesinado a las mujeres.
La siguiente sección “Violencias contra las mujeres y acciones para su contención”,
inicia con el trabajo “La (des)atención de la violencia de género en las IES: el caso
de la Universidad Autónoma de Coahuila”, de María del Rosario Varela Zúñiga, donde
analiza cómo en la Universidad Autónoma de Coahuila, se han creado órganos y mecanismos
(como, por ejemplo, el Comité contra la Violencia de Género donde después de recibir
un dictamen por denuncia lo derivan ya sea al Consejo Directivo, Sindicato o Comité
de Honor y Justicia) para atender cuestiones como el acoso. Cabe destacar que esta
violencia de género, en esta y otras instituciones de educación superior de México,
en realidad solo es un reflejo de las relaciones sociales hegemónicas basadas en la
dominación de la mujer.
En una línea similar se encuentra “Esquemas y formas del acoso y el hostigamiento
sexual en las instituciones de educación superior” escrito por Rosalba Robles Ortega,
en donde se remarca la prenoción de las universidades como lugares abocados a la generación
de conocimiento, no obstante haberse visualizado como lugares reproductores de las
prácticas sexistas y discriminatorias del resto de la sociedad. Para el análisis,
la autora utilizó la situación de vida (conformada por los conjuntos de motivos, percepciones
y propuestas) aplicados a grupos de discusión, tanto de hombres como de mujeres pertenecientes
a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Las propuestas finales, sin ser conclusiones,
son que el hostigamiento y el acoso sexual se da entre dos grupos principalmente:
entre alumnos y alumnas, y alumnos y maestros, sin descartar otros actores involucrados
como los administrativos.
El tercer trabajo en esta sección es “Las estudiantes en contra de la violencia hacia
las mujeres dentro de la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC”, coescrito por Laura
Nayeli Delgadillo Oviedo y Laura Patricia Rodríguez Martínez; donde mujeres de dicha
institución académica hicieron, a través de la «Red de Confianza», un ejercicio de
denuncia implementando casillas donde podían dejar sus quejas de manera libre y secreta;
derivándose de esto un protocolo para intentar atender y evitar la violencia de género,
la cual, en concordancia con los otros trabajos, sí se da en el seno de dicha universidad
(al igual que en otras), y es porque son reflejo del pacto patriarcal y la violencia
estructural de la sociedad.
El último escrito de esta segunda sección titulado “La cuestionable permanencia del
síndrome de alienación parental en legislación sobre violencia familiar en México”,
de Adriana Teresa Romo Salado, versa sobre el seguimiento a mujeres a las cuales el
Estado les había quitado su hijo, alegando síndrome de alienación parental (SAP, acuñado
por Richard Gardner en 1985 -concepto no del todo aceptado por la psicología y la
psiquiatría, pero que jurídicamente se ha dado como motivo causal para apartar a un
niño de su madre-) mediante la colectiva feminista «Red de Mujeres de La Laguna» (que
opera entre municipios de Coahuila y Durango). La autora explica que se debe a que
un hecho biológico como es la reproducción, se ha simbolizado socio-culturalmente
de forma distinta para hombres y mujeres. Por lo cual la maternidad y paternidad se
ven como separados e incluso como opuestos (dejando la carga a la madre). Concluye
haciendo una denuncia contra el SAP no solo por atentar contra los derechos de la
niñez, sino por ser también un instrumento de violencia de género e institucional
sistémico.
La tercera parte de esta compilación “Diversidad, cultura y masculinidad”, abre con
un texto de Marco Alejandro Núñez González, “Propuesta metodológica para una comprensión
de los narcocorridos en Sinaloa: la relación entre el mundo social y las composiciones
musicales”. Comienza con una tipificación de los corridos basándose en la relación
creada con el sujeto protagonista, siendo estos por encargo, no contractuales y ficticios.
Apelando a Wendy Griswold y su propuesta teórica-metodológica del diamante cultural
-constituida por objetos culturales, creadores culturales, receptores culturales y
mundo social, con la finalidad de hacer una comprensión sociológica del narcocorrido-,
y, al colocar al narcocorrido como un objeto cultural del mundo social de Sinaloa
(conformado por distintas configuraciones sociohistóricas: desde la conquista, ruralidad
norteña, modernización, globalización, narcotráfico y su persecución gubernamental,
por citar solo algunas), los creadores culturales serían los compositores y distribuidores,
siendo los receptores aquellos que consumen este tipo de canciones.
Se procedió a realizar un análisis hermenéutico de tres narcocorridos: El Ayudante, El Botas Blancas y Don Arturo (siendo este último el principal, y los dos primeros auxiliares), se relacionaron
estrofas con momentos o etapas sociohistóricas de Sinaloa (el mundo social), se deduce
que las nociones del narcocorrido no se limitan al narcotráfico, y se hace una reflexión
sobre la influencia en masculinidad sinaloense a la hora de moldear la narcomasculinidad.
Se observa cómo tampoco este tipo de masculinidad está circunscrita al narcotráfico
o narcotraficantes, sino, asimismo, en el resto de habitantes del territorio, incluyendo
compositores y consumidores (posibilitado gracias a compartir, todos los involucrados,
significados comunes en torno a dicho tipo de masculinidad).
En el siguiente escrito “Lo trans (transexual, transgénero y travesti)”, de Javier
Iván Solis Villanueva, se describe, retomando a Judith Butler, cómo el patriarcado,
a través de cadenas de equivalencia binaria hombre-masculino y mujer-femenino en la
lingüística del idioma, los performances de género y la semántica en las leyes han establecido una heteronormatividad, heterosexismo
y cis-sexismo (aterrizándolo al contexto mexicano con ejemplos). Como las estructuras
culturales están ya dadas y han sido internalizadas, las personas trans (que incluyen
transexuales, transgéneros y travestis) están haciendo un performance con base en el sexo, el género y la sexualidad establecidas, repitiendo las fantasías
encarnadas. Por lo anterior, una salida ante estos roles prestablecidos de equivalencia
no performativas es adoptar desde la teoría queer, y renunciar a la idea de una normalidad,
normalizando la anormalidad (entendida desde las nociones cis-heteropatriarcales).
No quedando otra más que una resignificación de las categorías existentes, pero no
de una manera esencialista en las cadenas de equivalencia, sino ocupándose de articular
la transgeneridad dentro y fuera del sistema sexo-género.
El último trabajo de esta penúltima sección trata sobre la “Agencia del autocuidado
en hombres saltillenses que viven con diabetes”, cuya autoría es de Miguel Sánchez
Maldonado. La investigación de método mixto incluyó una serie de encuestas a hombres
saltillenses con diabetes tipo 1 y 2. El objetivo era descubrir cómo se relaciona
la masculinidad hegemónica con el autocuidado de estos hombres. Esta masculinidad
hegemónica se sustenta en cuatro dimensiones: idealización de un solo tipo de masculinidad
mediante estereotipo regularizador; jerarquización con base en el género y otras categorías
sociales; subordinación de la mujer, y, la subordinación de comportamientos femeninos
a partir de estereotipos femeninos. Aunque es ejercida por una minoría, la masculinidad
hegemónica, consciente o inconscientemente, es reforzada diariamente por hombres y
mujeres mediante prácticas, y estas afectan el cuidado o atención de su condición
diabética (o comunicarla) de los hombres en el estudio, pues tienen temor a perder
estatus en su entorno familiar o laboral, debido a pensar que un hombre enfermo se
ve débil dentro de la estructura implementada por la masculinidad hegemónica.
La cuarta y última parte de este primer tomo designada como “Género, política y pandemia
COVID-19”, la constituyen dos trabajos académicos. El primero de ellos es “El impacto
de la pandemia COVID-19 en la participación política de las mujeres”, de Carmen Alanís
Figueroa, donde se describe cómo la pandemia de coronavirus no impactó de igual manera
a las poblaciones, siendo más perjudicados los sectores vulnerables, incluyendo a
las mujeres. Puesto que el confinamiento sanitario inhibe la participación política
de la mujer, la cual se había fomentado mediante reformas constitucionales, incluida
la “paridad en todo” (aprobada en 2019), estableciendo la participación en condición
de paridad en los poderes públicos, órganos autónomos, gabinetes y municipios indígenas.
Las medidas implementadas por la pandemia en distintos países generaron cambios en
los procesos electorales.
En las últimas décadas venía presentándose un incremento gradual de la participación
de las mujeres tanto en el Congreso de la Unión, como en municipios y sus subdivisiones
de síndicas y regidoras. Pero el incremento en la vida pública no se tradujo en una
disminución importante del tiempo dedicado a lo doméstico, en función de que en los
hombres la elevación en la parte doméstica no se ha acusado. Este escenario donde
la parte de cuidados y del hogar se le sigue delegando a la mujer, se intensificó
con la cuarentena. Se concluye que, si no se quiere retroceder con las políticas de
paridad, se deben tomar acciones por parte del Estado para aligerar la carga doméstica
de la mujer, acceso igualitario de las candidatas a los recursos, así como contemplar
la interseccionalidad en el caso de las mujeres con más y mayores tipos de discriminación
(como las indígenas).
“Igualdad sustantiva y democracia paritaria”, por Carlos Sergio Quiñones Tinoco, es
el último escrito tanto de la cuarta sección, como del primer tomo. Partiendo de la
premisa de la discriminación histórica y sistémica de la cual han sido objeto las
mujeres, se propone primeramente describir los rasgos subyacentes al concepto de igualdad
jurídica (más ad hoc con la igualdad formal, referida como la adopción de leyes y
políticas que tratan de manera igual a hombres y mujeres), para, posteriormente, presentar
la “igualdad sustantiva”, relacionada con los hechos, y asegurando que las desventajas
inherentes de determinados grupos no se mantengan), al poner ejemplos concretos de
organismos con intentos de cristalizar lo sustantivo de la igualdad (Declaración y
Plataforma de Acción de Beijing, Objetivos de Desarrollo del Milenio, por mencionar
algunos).
También se explican mecanismos tanto institucionales como de sujetos, incidentes en
la baja participación de las mujeres en la vida electoral y política (por ejemplo,
el haberles asignado el reducirlas al ámbito doméstico y seguir haciéndolo). Se describe
en qué consiste la “democracia paritaria” (como la búsqueda de una participación en
las distintas facetas del proceso político, con porcentajes similares o al menos próximos,
tanto de hombres como de mujeres). Concluyendo para el caso mexicano seguir habiendo
resistencia jurídica, política y cultural para que esta se consolide, a pesar de haber
habido avances para la implementación de una democracia paritaria (como las “cuotas
de género”).