Introducción
LA PARTICIPACIÓN DE LAS SINALOENSES en el mercado laboral está enmarcada por logros
individuales y colectivos, pero aún existen brechas de género con carácter permanente
y en algunos casos se agudizan. En el tema del mercado laboral sinaloense, las mujeres
participan en un 40%, pero continúan segregadas a trabajo del sector servicios (81%),
solo 2% de las mujeres gana más de 5 salarios mínimos en Sinaloa, el mismo porcentaje
ocupa puestos directivos, a pesar de que el 57% cuenta con nivel de educación medio
superior y superior. El 36% de los trabajadores independientes son mujeres autoempleadas
y empleadoras, y 20% de los empleadores son mujeres. La brecha salarial persiste,
las mujeres ganan 20% menos que los hombres en los mismos puestos laborales (ENOE 2022). Los aspectos estructurales contextualizados por estos datos están relacionados
con la distribución de los recursos productivos, el trabajo del cuidado no remunerado,
el acoso laboral y el uso consciente e inconsciente de dobles estándares al evaluar
a las mujeres y hombres en su desempeño laboral. La brecha salarial es la punta del
iceberg de un mercado laboral, el cual discrimina el trabajo de las mujeres. Esta
realidad local sobre la participación de las mujeres en el mercado laboral es consistente
a nivel nacional e internacional; con pequeñas variaciones, las mujeres siguen estando
en desventaja, los pisos pegajosos, los techos de cristal, la segregación ocupacional
y los precipicios de cristal son hechos comprobados (Ramos, Latorre, Tómas y Ramos 2022; Dueñas-Fernández, Iglesias-Fernández y LlorenteHeras 2015; Bechtoldt, Bannier y Rock 2019; Sabharwal 2015; Ryan, Haslam, Morgenroth, Rink, Stoker y Peters 2016).
Como una salida a estas desventajas, las mujeres deciden migrar y la migración internacional
de mujeres con fines laborales también es una realidad en aumento. Por supuesto que
la migración internacional está asociada con falta de oportunidades, pero también
con inseguridad, pobreza e incertidumbre social, además de los efectos del cambio
climático y desastres naturales. En 2017, 257.7 millones de personas emigraron en
el mundo, 51.6% fueron hombres y 48.4% mujeres. La tasa promedio de participación
laboral de las mujeres nacidas en el extranjero pasó de 60.9% en 2005 a 66.6% en 2017.
En este mismo año, México fue el principal expulsor de mujeres (6.1 millones), equivalente
al 2.3% del total de las migrantes internacionales (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019). Esta participación de mujeres en la migración laboral internacional, no solo es
importante por su relevancia numérica, sino por las propias características de desventajas
enfrentadas por las mujeres en los mercados laborales, además de las vulnerabilidades
en los procesos migratorios. Nunca antes había habido tantas mujeres migrando para
mejorar su trabajo y sus vidas. Para muchas, la migración aporta estas ventajas, pero,
para otras, incluye correr riesgos peligrosos, como la explotación en trabajos domésticos
y la vulnerabilidad ante la violencia. Las políticas y prácticas de migración no han
sabido reconocer a tiempo estos riesgos y adoptar medidas en aras de hacer seguro
ese proceso para las mujeres.
Poco se ha realizado para visibilizar, proteger y regular esta participación. Encontramos,
en el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, firmado recientemente
en 2018 en Marruecos, por 164 estados, un planteamiento bajo una perspectiva de género:
“garantizar que se respeten los derechos humanos de las mujeres, los hombres, las
niñas y los niños en todas las etapas de la migración, que se comprendan y satisfagan
adecuadamente sus necesidades específicas, y que se los empodere como agentes de cambio”.
Incorpora la perspectiva de género y promueve la igualdad entre los géneros y el empoderamiento
de todas las mujeres y niñas, reconociendo su independencia, su capacidad de actuar
y su liderazgo, para dejar de percibir a las migrantes casi exclusivamente desde el
“prisma de la victimización” (ONU 2018, 6). En la práctica, este pacto no puede hacer mucho, Estados Unidos no lo firmó y la
migración sigue siendo no segura, desordenada y no regulada, en todas las regiones
del mundo y sobre todo para las mujeres.
El caso de las mujeres sinaloenses no es la excepción, así lo han documentado los
estudios realizados por Lizárraga (2006), Ibarra (2013), Montoya (2008), Montoya, Ochoa-O’Leary y Woo (2014), y Sánchez (2015). Si bien es cierto que las mujeres sinaloenses cada vez están más capacitadas, los
mercados laborales siguen asignándoles empleos considerados tradicionalmente femeninos,
de bajos salarios y precarios. El objetivo de este artículo es analizar el perfil
de las sinaloenses migrantes internacionales y su participación en el mercado laboral,
principalmente en el de EUA, pues es hacia donde se han dirigido las investigaciones
sobre el tema. No obstante, consideramos la existencia de un nicho de participación
de las mujeres migrantes sinaloenses, el cual aún no ha sido analizado: la participación
de las mujeres migrantes calificadas para insertarse en el mercado laboral global.
Para alcanzar el objetivo de este trabajo planteamos, primeramente, una perspectiva
feminista con miras al estudio de la participación laboral de las mujeres a nivel
internacional, con la idea de comprender -desde las desigualdades estructurales- y
poniendo en el centro la relevancia, vulnerabilidad y aportes económicos de las mujeres.
Posteriormente, analizamos las nuevas tendencias de la participación laboral de las
mujeres a nivel internacional, nacional y estatal, con la finalidad de tener un punto
de referencia para valorar la participación de las sinaloenses en la migración internacional
laboral. Por último, analizamos los estudios realizados sobre sinaloenses en el mercado
laboral estadounidense, subrayando su inserción en los nichos laborales tradicionales,
los obstáculos para lograr sus objetivos económicos, así como sus aportes a la economía
de las familias sinaloenses.
Una perspectiva feminista para analizar la migración laboral internacional
La brecha de género en México, en 2020 y en cuanto a participación y oportunidades
económicas, es de 57.4%, es decir, las mujeres siguen teniendo 42.6% menos oportunidades
de trabajo y calidad del empleo que los hombres, en este rubro también se considera
la variable de salarios entre hombres y mujeres para trabajos similares. Estas desventajas
económicas se dan a pesar de haber logrado las mujeres un nivel más equitativo en
cuestiones de educación. La brecha de género en educación en México es de 99.7%, esto
es, prácticamente hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades y los mismos niveles
de educación. En el rubro donde la brecha es aún más amplia es en la participación
política: en México llega a 46.8 por ciento (World Economic Forum 2020).
Analizar estas desigualdades con una perspectiva de género implica analizar los contextos
económicos, políticos y sociales generizados, entendiendo por generización los procesos de creación de jerarquías sociales donde
mujeres y varones son valorados en forma desigual, en detrimento del desarrollo de
las oportunidades de vida de las mujeres (Tabbush 2019, 90). Además, implica ser consciente
de que el género no es homogéneo, está atravesado por otras categorías sociales como
la clase social, la etnia, la pertenencia a una comunidad religiosa, etc. Derivado
de lo anterior, el género es una categoría de análisis con la peculiaridad de ser
uno de los sistemas de estratificación social, junto con la clase, la raza y la nacionalidad,
teniendo un impacto en la microestructura y la microestructura social. El núcleo de
la teoría feminista de género radica en la explicación de las desigualdades de las
mujeres como una construcción histórica, en la cual convergen la condición y la situación
de las mujeres en la sociedad. La condición de la mujer se refiere a la historia de
la constitución de las mujeres como objeto, como un ser cultural y genérico. Y la
situación de la mujer implica el reconocimiento de las condiciones reales de existencia
de las mujeres (Güereca 2016, 116).
Uno de los objetivos de utilizar una perspectiva feminista es visibilizar la participación
de las mujeres como agentes de cambio social y económico en Sinaloa, conocer sus intereses,
así como sus luchas y sus logros, para recuperar la presencia, aportaciones y acciones
de las mujeres en la sociedad y así contribuir a la erradicación del sexismo en la
ciencia. Asimismo, utilizar el género como categoría de análisis permite explicar
la forma diferenciada en la cual las sociedades determinan lo propio de hombres y
mujeres y les asignan un lugar, roles y ámbitos sociales de acción (Güereca 2016, 117).
Visibilizar la participación económica de las mujeres implica realizar explicaciones
sobre la vida social y la experiencia humana desde una perspectiva centrada en las
mujeres y sus experiencias basadas en tres condiciones: 1) la situación social y las
experiencias de las mujeres son el objeto de estudio; 2) las mujeres son los sujetos
centrales del proceso de investigación. En el nivel epistemológico esto significa
“ver el mundo desde el distintivo y ventajoso punto (o puntos) de vista de las mujeres
en el mundo social”, y, 3) El feminismo (académico) es una teoría crítica y activista
que actúa en nombre de y para las mujeres (Güereca 2016, 111).
Recuperar las investigaciones sobre las sinaloenses en el mercado laboral internacional,
constituye un aporte a reconstruir una genealogía femenina y feminista de las mujeres
en el mercado laboral en Sinaloa, visibilizando la participación de las mujeres, sus
contextos, ideas, interpretaciones y procesos políticos y liberadores ubicados en
un espacio-tiempo.
Una genealogía femenina es la recuperación de prototipos literarios y mitológicos,
galería de mujeres ilustres, que busca la construcción del imaginario, la simbología,
la memoria y la presencia femenina y que incluye por lo tanto mujeres reales y ficticias,
feministas o no. Y, una genealogía feminista es la memoria colectiva de las luchas
por la emancipación, de las pioneras reales que hayan contribuido a los logros feministas
con sus acciones e ideas, donde caben también las aportaciones masculinas. (Restrepo 2016, 31)
En este caso, coadyuvamos a construir una genealogía feminista resaltando los hallazgos
relacionados con los aportes de las sinaloenses en el mercado laboral en EUA, señalando
los aportes que dan luz para describir su participación, los contextos donde se desarrollan,
los logros alcanzados, aunque los estudios no tengan este objetivo en particular,
ni estén abordados con una perspectiva feminista. Asimismo, aportamos a construir
una genealogía feminista, al resaltar algunos nombres de mujeres sinaloenses destacadas
en el mercado laboral global.
Nuevas tendencias de la participación laboral de las mujeres
Las brechas laborales por género son persistentes y continúan siendo elevadas. Así
lo muestran los siguientes datos. La tasa de participación1 de la fuerza laboral2 global femenina es de 52.4% comparado con el 80% de la participación de los hombres.
En América Latina, la fuerza laboral femenina participa con un 58% y los hombres participan
en un 81.6% (World Bank 2022). Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo 2022) la tasa de ocupación3 de las mujeres en América Latina y El Caribe es de 46.9% y la de los hombres es de
69.8% en 2022. Esto a pesar de mostrar una recuperación después de un declive en periodo
de pandemia, la cual llegó a una tasa de ocupación en el caso de los hombres de 63.8%
y 41.3% en las mujeres, en el 2020 (OIT 2022, 60). Asimismo, la región se caracteriza por un aumento en el empleo informal, que va
de entre el 40 y 80% del aumento neto de trabajo entre el tercer trimestre de 2020
y el tercer trimestre de 2022. La tasa de informalidad regional (promedio de 11 países)
es de casi 50 por ciento.
Otra tendencia en el mercado laboral es la permanencia del trabajo a distancia después
de la pandemia. Los trabajadores formales, de mayores calificaciones, mujeres, en
edades centrales y en ocupaciones profesionales, técnicas y gerenciales, son quienes
a tres años de la irrupción de la pandemia continúan haciendo un uso más frecuente
de la modalidad de trabajo a distancia (OIT 2022, 71). La construcción y el servicio doméstico son actividades que muestran dos extremos
de la distribución del empleo según sexo, la primera altamente masculinizada y la
segunda altamente feminizada. Ambos sectores, a su vez, demandan trabajo poco calificado.
Mientras la construcción se encuentra entre los tres de mayor crecimiento en relación
con 2019, el servicio doméstico se ubica entre los de menor dinamismo. Por lo tanto,
la tendencia creciente de las actividades de construcción con mayor intensidad después
del servicio doméstico, también da cuenta de la mayor recuperación masculina entre
los ocupados de bajo nivel educativo, en relación con las mujeres de igual nivel de
calificación (OIT 2022, 67).
Por otra parte, esta dinámica laboral de las mujeres se ve reflejada en su participación
en la migración laboral mundial. A mediados del año 2020, las mujeres representaron
poco menos de la mitad de la población mundial de migrantes internacionales, es decir,
135 millones (48.1%) (DAES 2020). En el año 2019, el número de trabajadores migrantes internacionales mujeres era
de 70 millones (41.5%), en comparación con 99 millones de varones (58.5%) (OIT 2021) (Gráfica 1). En América Latina y el Caribe, a mediados de 2020, la proporción de mujeres migrantes
internacionales (49.5%) era superada ligeramente por la de varones migrantes internacionales
(50.5%) (OIM 2023).
Gráfica 1
Trabajadores migrantes internacionales, por sexo, 2019.

Fuente: OIT (2021).
En lo que respecta a México, en 2018, el total de población mexicana en EUA, principal
receptor de mano de obra mexicana, ascendió a 12.3 millones. En tanto, la población
de origen mexicano alcanzó los 38.4 millones, representando un incremento de 2.5%
respecto al año anterior. Por estado de destino, 62.8% de la población mexicana con
matrícula consular se ubica en California (28.8%), Texas (22.6%), Illinois (8.1%)
y Nueva York (3.3%). La estructura de la composición por edades de la población migrante
mexicana en EUA sugiere una migración laboral, 87.4% tiene entre 15 y 64 años de edad.
Las mujeres participan con 46% de esta migración (Gráfica 2) (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019).
En 2017, cerca de cuatro millones de personas migrantes mexicanas en EUA tenían ciudadanía
estadounidense, 50.4% mujeres y 49.6% hombres. Este es uno de los aspectos que determina
y enmarca la inserción laboral de los migrantes mexicanos en EUA (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019).
Durante el periodo 1996-2005 arribaron a EUA casi cuatro millones de personas, mientras
en el lapso de los años 2006-2017 disminuyó a 2.2 millones, en este último periodo
las mujeres participaron con un 47.2%. En 2017, 28.8% de la población emigrante mexicana
contaba con hasta 8 años de educación; no obstante, solamente 1.9% contaba con un
posgrado. Diferenciando por sexo, 21.9% de las mujeres contaban con algún grado de
licenciatura, licenciatura o posgrado (Gráfica 3) (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019).
Asimismo, 8.1 millones de personas migrantes mexicanas formaron parte de la población
económicamente activa (PEA) de EUA en 2018, la mayor parte (95.7%) era población ocupada
(PO), de esta última, 60% se ocupó en actividades terciarias, porcentaje con marcadas
diferencias entre mujeres y hombres. De los 5,782,124 mujeres migrantes mexicanas
en EUA, el 50.5 % es considerada población económicamente activa y de estas 94.5%
es población ocupada. La población de mujeres económicamente no activa es de 49.5%,
un porcentaje alto si lo comparamos con el 16.8% de los hombres migrantes mexicanos
en EUA. De los 2,758,954 mujeres dentro del rubro económicamente ocupadas, el 81%
lo está en el sector terciario, 15.3% en el sector secundario, y, 3.2% en el sector
primario. En comparación, los hombres económicamente ocupados (4,982,859), el 48%
se emplea en el sector terciario, 45% en el sector secundario, y 6.3% en el primario,
más diversificados que las mujeres (Gráficas 4 y 5).
De las mujeres económicamente activas, el 81.6% se emplea en el sector servicios,
15.3% en el sector industrial y un 3.2% en el sector agropecuario.
En 2018, las mujeres migrantes mexicanas en EUA se desempeñaron principalmente en
actividades de salud y educación (618 mil), hostelería y esparcimiento (461 mil) y
manufactura (400 mil). En contraste, los hombres se desenvolvieron principalmente
en actividades de la construcción (1.5 millones), manufactura (636 mil), así como
en actividades profesionales y administrativas (597 mil) (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019).
Participación laboral de las sinaloenses migrantes internacionales
En 2015, había 7,201 personas nacidas en Sinaloa de 5 años y más residiendo en EUA:
2,411 de Culiacán, 1,211 de Mazatlán, 180 de Escuinapa, 176 de El Fuerte, 45 de Concordia,
y 29 de Badiraguato (Censo 2020). De acuerdo con los resultados del Censo de Población y Vivienda 2020, se tiene
un registro entre 2015 y 2020, de 15,264 personas emigrantes de la entidad quienes
ahora viven en el extranjero. Casi dos terceras partes de esta población corresponde
a hombres con una edad mediana de 26 años (68.2%), mientras las mujeres representaron
el 31.8% del total, con una mediana de 25 años (Gráfica 6) (Secretaría de Gobernación 2022).
Según estimaciones de CONAPO y con base en la matrícula consular de los mexicanos
en EUA, en 2017 había 12,833 sinaloenses viviendo en EUA, de los cuales 30.5% son
nacidos en Culiacán, 10.3% en Guasave, 10.1% en Ahome, 9.5% en Mazatlán, y, 5.2% en
Mocorito. El 60.9% de los sinaloenses estaba residiendo en California, 9.0% en Arizona,
4.9% en Nevada, 4.2% en Texas y 2.5% en Utah. El 52.2% de los sinaloenses reportan
un estatus de empleado, 29.0% dedicado al hogar, 4.0% como estudiante, 3.3% campesino,
y, 3.2% como obrero (Gráfica 7) (CONAPO, BBVA, Gobierno de México 2019).
Respecto a los estudios de caso donde se ha reflejado la importancia de la migración
femenina sinaloense, podemos argumentar el no haber sido estos investigados con una
perspectiva de género, se han enfocado al análisis de la migración sinaloense de manera
general, sin considerar específicamente la migración femenina, por lo cual dejan en
la periferia los aportes realizados por las sinaloenses migrantes a la vida económica,
social y familiar con su trabajo en el extranjero, así como los avatares sorteados
por ellas para lograr sus objetivos de una vida mejor para sí mismas y sus familias.
No obstante, podemos recuperar en estos estudios algunos indicadores de sus contribuciones
y características puestos en relieve en este escrito.
Destacamos la existencia de diversas causas y circunstancias las cuales originan el
proceso migratorio de las mujeres en Sinaloa. Lizárraga (2006, M 21) halló una participación significativamente importante en la migración internacional
de las mujeres, en los municipios de Cosalá, San Ignacio y Concordia; argumentando
como causas de esta migración femenina, por lo menos en la zona serrana del estado,
la violencia generada por la actividad de la siembra y la comercialización de estupefacientes.
Por su parte, García (2005) encontró en el municipio de Aguacaliente, de Choix, que las mujeres representan un
14% de los migrantes, aunado al dato reportado de ser un 9% amas de casa en Estados
Unidos; el autor conjetura, en este caso, el darse la migración femenina en un contexto
de formación o reunificación familiares.
Asimismo, Pintor (2002), al estudiar a los migrantes originarios de El Sitio, Badiraguato, en Los Ángeles,
encontró una abrumadora mayoría del sexo femenino (65%), argumentando no solo deberse
esta migración a la reunificación familiar, sino también desarrollarse por razones
económicas, y empleándose principalmente en el sector servicios, tiendas, restaurantes
y como afanadoras, lo cual concuerda con otros hallazgos (Sánchez 2015; Montoya 2008).
Ibarra (2003) al analizar la inserción laboral de mexicanos en la industria del vestido en Los
Ángeles, California, encuentra a mujeres sinaloenses trabajadoras de la costura en
el Fashion district,4 en el centro de Los Ángeles, donde detectó una alta concentración de migrantes indocumentados
con bajo capital humano, una creciente masculinización del sector, desplazando a las
mujeres por hombres jóvenes y de distintos orígenes estatales no tradicionales en
la migración, con una fuerte red de solidaridad entre los mexicanos migrantes, quienes
aseguran la inserción laboral pero en condiciones cada vez más precarias.
En su investigación, distingue las experiencias de mujeres migrantes sinaloenses:
[…] experiencias compartidas en el trastierro: la decisión de emigrar normalmente
asociada a algún tropiezo económico o falta de expectativas; un arribo traumático
a los Estados Unidos, con vivencias de cruce fronterizo de pesadilla, doloroso, que
deja huellas imborrables por haber cruzado a pie por el desierto o encajuelados en
un auto, de la mano de polleros; la difícil tarea de encontrar trabajo y sobrevivir, formar una familia, reproducir
su mundo cultural en otro país, la nostalgia de la lejanía y el desdoblamiento interno
de poseer una identidad que cambia, obligando a negociar internamente actitudes, valores
y emociones. (Ibarra 2013, 32)
En este estudio destacan las historias de las sinaloenses Dorangélica y Amelia, originarias
de Navolato y Badiraguato, respectivamente, quienes son ejemplo de mujeres sinaloenses
inyectando dinamismo a la industria de la ropa, manejada principalmente por coreanos.
En sus historias de vida nos relatan su actividad laboral, sus condiciones de trabajo,
sus rutinas diarias, pero, sobre todo, nos muestran el duro trabajo llevado a cabo
por las mujeres sinaloenses en la industria de la ropa en Los Ángeles, California,
bajo condiciones laborales agotadoras, estresantes, con nulas posibilidades de ascender,
sin tiempo para estudiar ni poder cumplir su sueño de una vida mejor, describen su
vida entre el trabajo y su casa, así como las presiones laborales y el cuidado de
sus hijos.
Un panorama más alentador, sin estar exento de sacrificios, conflicto y trabajo agotador,
nos describe Montoya (2008) al visibilizar la migración laboral de mujeres sinaloenses trabajadoras de la jaiba
en Carolina del Norte. La autora analiza los factores que incentivan y limitan el
uso de las remesas en la actividad productiva en una localidad del municipio de Guasave,
Gabriel Leyva Solano, ubicada en un valle agrícola del norte de Sinaloa, rodeada de
ocho empacadoras (“empaques”) y procesadoras de productos agrícolas, además de una
arrocera y una procesadora y exportadora de jaiba. En esta investigación, Montoya
encuentra como demanda de trabajo emanada de estas empresas el favorecer la inmigración
de trabajadores agrícolas temporales de otras regiones, como también la emigración
de mujeres jaiberas con visas H-2B hacia Carolina del Norte, Virginia y Luisiana.
De esta manera, encuentra como factores motivadores del uso productivo de las remesas
una relación con el dinamismo presentado por el mercado laboral local, la migración
circular, el sostenimiento de redes sociales en las comunidades de origen y también
con las acciones llevadas a cabo por los migrantes con el objetivo de aumentar sus
ingresos. Llama la atención, en sus hallazgos, el aporte de las mujeres sinaloenses
a la construcción de nuevas redes laborales hacia nuevos destinos migratorios y nuevos
nichos laborales. Tal es el caso del proceso de enlatado de la jaiba en Carolina del
Norte, Luisiana y Virginia, con una forma de inserción laboral totalmente regulada
y documentada, a través de las visas H2B, así como el uso productivo de las remesas
en la comunidad con la construcción de pequeños negocios comerciales, el uso de las
remesas femeninas en mejoras de la salud, la educación de los hijos y construcción
de viviendas.
Asimismo, Montoya, Ochoa-O’Leary y Morales (2014) analizan la participación de mujeres mexicanas como estilistas en Arizona, encontrando
a sinaloenses desempeñando esta labor y creando empresas como salones de belleza.
Las autoras estudian la participación de las mujeres mexicanas en el sector formal
e informal del autoempleo, en un área metropolitana de Arizona. Utilizaron un análisis
cualitativo para descubrir los factores por los cuales se ven afectadas las actividades
de autoempleo de las inmigrantes mexicanas, a la luz de las nuevas políticas de Arizona,
dirigidas a controlar la inmigración y limitar el acceso al empleo para los inmigrantes
indocumentados. Los testimonios de mujeres migrantes destacan el estrés, las dificultades
y estrategias desarrolladas al participar en el mercado de trabajo en medio de las
crecientes restricciones, así como las formas creativas de implementar trabajos por
cuenta propia en los mercados formales e informales. De igual forma, estas mujeres
estilistas aportan económicamente generando empleos en EUA y enviando remesas a sus
comunidades de origen.
Otro estudio donde se detectan nichos laborales de mujeres sinaloenses en California
es el de Sánchez (2015), sobre la inserción laboral de sinaloenses en California. Sin ser su intención estudiar
la migración femenina, detecta cómo las mujeres culiacanenses recurren a autoemplearse,
trabajando por cuenta propia como niñeras o en el comercio de ropa, valiéndose de
sus relaciones sociales, vendiendo casa por casa entre los miembros de su familia
y amigos, cuidando a niños de sus conocidas o empleándose en tiendas de ropa, lo cual
lleva a concluir el parecer decisivos una serie de lazos migratorios familiares en
su inserción laboral (Sánchez 2015, 163). El autoempleo como niñera o en la venta de ropa, así como los trabajos eventuales
no responden a una serie de capacidades ya detentadas desde sus lugares de origen;
sin embargo, surgen debido al bajo capital humano requerido, como una posibilidad
de mejorar los ingresos. De este modo, los trabajos realizados en los lugares de destino
exigen una preparación básica y elemental, de allí su flexibilidad y precariedad (Sánchez 2015, 166). Asimismo, encuentra una alta participación de mujeres en las lavanderías industriales,
con una mejora mínima salarial, por contar con una membresía sindical; no obstante,
no representa una movilidad laboral para las migrantes sinaloenses (Sánchez 2015, 181).
Uno de los aportes de las sinaloenses migrantes es la construcción de redes sociales
de apoyo hacia nuevos destinos y nuevos nichos laborales, así lo documentan Montoya y Sánchez (2017), ahora con una perspectiva feminista y resaltando sus aportes. Los autores analizan
la formación y desarrollo de redes sociales transnacionales construidas por mujeres
migrantes oriundas de Sinaloa, y cómo la diversidad de actividades laborales realizadas
por las migrantes sinaloenses ha reconfigurado el panorama laboral migratorio sinaloense,
con base en los casos de trabajadoras despulpadoras de jaiba en Carolina del Norte,
de estilistas en Arizona, y de babysitters y en lavanderías industriales en California.
Destacan que la inserción laboral de las sinaloenses en Estados Unidos refleja un
posicionamiento en actividades fabriles de manera legal y regulada, como el de las
jaiberas o lavanderas industriales, o bien trabajos por cuenta propia o autoempleo,
como los de babysitters, estilistas y vendedoras de ropa. Sin embargo, a estas condiciones, las cuales muestran
parcialmente la inclusión de las mujeres en actividades productivas y negociaciones
en la toma de decisiones en el hogar, se suman la segmentación por etnia o género,
así como señales de exclusión y marginalización laboral (Montoya y Sánchez 2017, 146). En las redes de jaiberas, de lavanderas y de cuidadoras de niños se intercambia
la información, las responsabilidades, los pagos de favores, la solidaridad, y estas
relaciones se restructuran de manera latente en una diversidad de espacios vecinales
o laborales, proporcionando ayuda mutua al ser determinantes para la inserción laboral
de las mujeres sinaloenses.
Por otra parte, hemos encontrado evidencia de la participación de mujeres sinaloense
altamente calificadas en el mercado laboral global. Tal es el caso de la astronauta
Carmen Victoria Feliz Chaidez, quien al egresar de una ingeniería en electrónica y
comunicaciones, busca una especialidad en la International Space University en Francia;
empieza a trabajar en la NASA por un año, siendo después invitada a trabajar en el
departamento de Space Business and Management del Instituto Tecnológico de Florida,
donde trabajó un proyecto en colaboración con el centro Kennedy de la NASA, en la
actualidad trabaja en la International Association for the Advancement of Space Safety
(IAASS) en Holanda, organización dedicada a trabajar en el avance científico y social
de la seguridad en los sistemas espaciales y a colaborar con las acciones de sustentabilidad
espacial (DEBATE 2017).
Otro ejemplo en este mismo sentido es el de Nadia Gallardo Romero, médica veterinaria
zootecnista. Su pasión por la ciencia la llevó a establecerse en Atlanta, Estados
Unidos, donde labora como jefa de la Unidad de Estudios Animales, en la rama poxvirus
y rabia del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC, reconocido
como el más importante del mundo. Entre sus responsabilidades como científica destaca
la elaboración de protocolos en el manejo y muestreo de animales bajo condiciones
de bioseguridad, en los niveles: 1, 2 3 y 4, así como los estudios de patogénesis
de múltiples poxvirus, los cuales ayudan a determinar la eficacia de antivirales potenciales
y a desarrollar nuevas vacunas y tratamientos de pre y post exposición al virus de
la rabia (Millán 2022). En este sentido, es importante hacer investigaciones sobre las mujeres sinaloenses
altamente calificadas, las cuales se están insertando en el mundo laboral global,
aportando conocimiento y coadyuvando al avance científico y tecnológico, permitiéndonos
construir una genealogía femenina de la participación de las sinaloenses en el mercado
laboral.
De esta manera, tenemos, a pesar de los inconvenientes, vulnerabilidades y conflictos
enfrentados por las mujeres migrantes, su contribución activa para mejorar la calidad
de vida de sus familias y sus comunidades.
Sin duda, un impacto positivo de la emigración laboral femenina en la economía local
son las remesas. Los datos del Banco de México (Banxico 2021) indican, para 2019, un total de 923 millones de dólares en remesas ingresadas a
Sinaloa, cifra aumentada en 2020 a 1,039 millones de dólares. En ese mismo año (2020),
las remesas representaron para Sinaloa 3.8% del PIB estatal. Asimismo, de acuerdo
con el Censo de Población y Vivienda 2020, 52,596 hogares recibieron remesas, lo cual
significó un 6.2% del total de hogares en la entidad. Para 2021, los ingresos por
remesas en Sinaloa siguieron aumentando hasta alcanzar los 1,162 millones de dólares
-2.3% del total de remesas captadas para el país-, colocando a la entidad en el décimo
octavo lugar a nivel nacional (Banxico 2021). Respecto de los municipios donde más se recibieron remesas durante 2021, Culiacán
fue el principal receptor al representar el 36.5% del total, seguido de Guasave (15.3%),
Mazatlán (12.1%) y Ahome (10.6%). Entre estos municipios se captó el 63.9% del total
de remesas en el estado y son los principales en el rubro de origen (Secretaría de Gobernación 2022).
En los estudios realizados ha quedado evidenciado el ser las mujeres migrantes quienes
envían remesas etiquetadas para fines educativos, de salud, de inversión y de construcción
de viviendas, inversiones impactando directamente a mejorar la vida de sus familias
en Sinaloa (Montoya 2004 y Montoya et al. 2014).
Releer los estudios realizados sobre migración internacional en Sinaloa, con una perspectiva
feminista y con el objetivo de poner en el centro a las mujeres migrantes, nos permite
subrayar cómo sus aportes económicos, sociales y familiares aún no han sido justamente
calculados. De tal forma, es imperativo reconocer las afectaciones resultado de sus
vulnerabilidades, desventajas y discriminaciones, para posicionar ecuánimemente su
participación en el mundo laboral global.
Conclusiones
Las mujeres migrantes sinaloenses son un sector poblacional aportando indudablemente
a la economía estatal, representan el esfuerzo de las mujeres en búsqueda de una salida
loable para lograr mejores condiciones de vida para sí y sus familias. Son también
un símbolo de valentía, trabajo y esfuerzo. Es ineludible visibilizar la participación
de las sinaloenses en este esfuerzo, con miras a generar políticas públicas para apoyarlas
no solo en sus trayectorias migratorias, sino también en la gestión de apoyos económicos,
de cuidado y acompañamiento de ellas mismas y sus hijos dejados en sus comunidades
de origen. La migración internacional para las mujeres sinaloenses representa un camino
de esperanza, no solo para quienes buscan superar la adversidad y tener una mejor
vida, sino también para sus comunidades, lo cual, en ocasiones, se puede tornar en
una vida de trabajo extenuante, de explotación y discriminación.
Es por ello seguir siendo categórico el analizar y visibilizar la vida económica,
social y familiar de las sinaloenses migrantes laborales, no solo en los sectores
de baja calificación sino también de las mujeres sinaloenses altamente calificadas
insertas en sectores de investigación y desarrollo tecnológico en distintas partes
del mundo. Su visibilización y análisis resulta ilustrador y pertinente en este contexto
de creciente demanda de competencias digitales; es, asimismo, imperioso, promover
su participación para reducir la brecha digital y aumentar la participación de las
mujeres en puestos de alta dirección y de toma de decisiones.
Los estudios realizados de manera cualitativa y cuantitativa dan cuenta de la participación
y aportes de las sinaloenses en el mercado laboral estadounidense. Igualmente, contar
con genealogías femeninas y feministas nos permite reconocer y valorar sus aportes.
En este sentido, podemos concluir que las migrantes sinaloenses han entrado a la migración
internacional con objetivos de participar laboralmente, han creado e iniciado nuevos
destinos migratorios, estableciendo redes sociales las cuales facilitan la migración,
generan sus propios empleos y micro negocios en ambos lados de la frontera, produciendo
empleos y contribuyendo al aumento de las remesas y su uso para beneficio de sus familias
y las comunidades. Sus contribuciones no están exentas de un marco político, social
y económico, el cual las pone en desventaja, las sinaloenses migrantes trabajan altas
jornadas laborales, viven explotación, precariedad laboral y en muchas ocasiones no
logran realizar el sueño de una movilidad social ni laboral. Es por ello el resultar
necesario adoptar políticas laborales con perspectiva de género, las cuales permitan
eliminar las barreras de entrada al mercado de trabajo local, ampliando el abanico
de oportunidades laborales a puestos de alta dirección, de toma de decisiones y con
altos salarios.