Diálogo en clave cosmopolítica
El ejercicio de la crítica demanda un esfuerzo deconstructivo por situar históricamente
la producción de conocimiento científico en el centro de la reproducción del sistema
capitalista. Esta facticidad exige confrontar las escisiones y dualismos del positivismo
científico que configuran una arquitectura institucional, que entretanto contribuye
a una ciencia especializada propia de una epistemología de separación de campos. En
esta dirección, los esquemas abstractos, lineales y sin contradicciones que han orientado
a la racionalidad tecno-instrumental destruyeron el isomorfismo ilustrado entre conocimiento
y emancipación. Recuperar el aguijón crítico es una tarea necesaria y urgente que
apela a la búsqueda de racionalidades alternativas, solidarias y comunitarias que
permitan otros arreglos enunciativos en medio de la crisis general del capital. De
este modo, la disputa por el sentido del mundo es simultáneamente una lucha por los
conceptos adecuados en cuanto el pensar crítico “no obra al servicio de una realidad
ya existente: solo expresa su secreto” (Horkheimer 2008, 248) más profundo. Y es este acuciante contexto, en donde necesitamos ubicar el libro
escrito a cuatro manos entre José Guadalupe Gandarilla Salgado y María Haydeé García
Bravo, Atravesar la pandemia. Ensayos a cuatro manos, como un texto de intervención crítica en medio del acontecimiento planetario de
la crisis del coronavirus.

Es un texto que participa rigurosamente en las formulaciones iniciales de la crisis
global, desde un más allá que evalúa críticamente las causas y no los efectos del
sistema histórico, que es al mismo tiempo capitalista y colonial. La hipótesis de
que nos encontramos ante la inminencia de un cataclismo planetario que tiene efectos
potencialmente catastróficos, y se manifiesta en la pérdida acelerada de biodiversidad,
la contaminación de los océanos y el cambio climático, entre tantos otros, adquiere
una relevancia fundamental en la idea formulada por Richard Leakey y Roger Lewin en
su libro La sexta extinción (1997). Las aterradoras y alucinantes pruebas de estar frente a un colapso masivo
que pudiera irremisiblemente extinguir la vida humana atraviesan las preocupaciones
éticas, políticas y científicas de un texto que piensa negativamente el futuro. Esta
idea del colapso -en Atravesar la pandemia- se va desgranando en cada una de las intervenciones individuales y compartidas que
funcionan como faroles que iluminan las sombrías y aterradoras tendencias de la lógica
reificadora de la acumulación de capital. En palabras de Gandarilla Salgado, “la profundización
e impulso de la economía neoliberal capitalista es el vector mismo que lesiona las
condiciones de vida, que pone en cuestión la superviven cia de la población” (Gandarilla Salgado 2021a, 25), y de las especies vivas en la totalidad del planeta Tierra.
Pero, lo aún más importante del libro, es la recuperación dialéctica del capitalismo
como un modo de producción económico, ecológico y social que funciona como una totalidad
histórica que impide comprender sus manifestaciones sistémicas (incluyendo las sanitarias)
como eventos aislados, inconexos y des-historizados. De este modo, el despliegue de
la potente tesis que establece una homología entre decadencia, crisis y cambio sistémico,
y que interpreta la pandemia como un síntoma mayor de un conjunto de transformaciones
en la etapa del capitalismo senil, es fundamental a lo largo de las complejas contribuciones
que lo componen. La crisis civilizatoria, como punto de inflexión del sistema mundial,
“que arrastra consigo a millares de expresiones de vida, en el arco de transformaciones
de la llamada sexta extinción, que solo puede dimensionarse en los larguísimos tiempos
de la geohistoria, en los grandes ciclos geológico-climáticos” (Gandarilla Salgado 2021b, 56), está resquebrajando los límites homeostáticos del planeta. La transgresión de estos
límites empuja al sistema a un punto de bifurcación fundamental -en las teorizaciones
de Immanuel Wallerstein- que lo aleja de sus puntos de estabilidad, y las perturbaciones
en estas situaciones aumentan en todas direcciones incrementando las espira les de
violencia, caos y guerra empujando su funcionamiento hacia un horizonte de absoluta
incertidumbre.
El colapso global, como la emergencia de una pluralidad de crisis planetarias que
rompen el flujo lineal, regular y normalizador de las cosas, ha colocado en el centro
del debate la idea de una ecología-mundo en tanto organización económica de la naturaleza,
que se resume en la idea de capitaloceno de Jason Moore como se demuestra a lo largo
del texto. El mundo del capital -como invernadero de un confort que opera como un
Palacio de Cristal- estimula mediante una destructividad sistemática, irrefrenable
y arrolladora de las naturalezas sus condiciones de reproducción mundializada. Y es
exactamente, en los ámbitos del consumo, las finanzas y los territorios, donde los
prerrequisitos funcionales del sis tema se están convirtiendo en fronteras críticas
que demuestran el funcionamiento irracional de la lógica de la acumulación de capital.
El carácter escindido, propio de un todo social fragmentado, revela que los contagios,
enfermedades y pandemias son efectos de una lógica combinada, consecuente y envolvente
de un consumismo industrializado y caníbal que actúa arrolladoramente sobre la biosfera.
La identidad destructiva entre pandemia, modernidad y capitalismo puso en evidencia
procesos subterráneos como la relación entre minería, industria, deforestación y defaunación
que conforma un juicio negativo al sistema como totalidad histórica.
En esta dirección, la pandemia debe ser interpretada como un acontecimiento planetario
que conectaba catastróficamente el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios,
los procesos de explotación del trabajo y el consumo mundializado. En términos contrafácticos,
los contagios no eran episodios particulares de sucesos aleatorios y aislados formaban
parte de hilos ocultos que “solo pueden visualizarse enteramente en el marco de su
cadena de significación más amplia que los integra a la lógica constructiva del sistema
mundo moderno-colonial” (García Bravo y Gandarilla Salgado 2021a, 84). La fuerza teórico-crítica de esta identidad apunta a otras indagaciones que reconstruyan el movimiento depredador del capital en su incesante
y compulsiva lógica irracional de acumular por acumular. La diseminación industrial de patógenos se conecta en tiempo real con un sistema altamente sofisticado de comunicaciones
que anunciaba la inminencia de una pandemia. Para un autor como Richard Levins, un
cambio mínimo en las condiciones de vida de una población introduce cambios “en nuestras
relaciones con los patógenos, sus reservorios y con los vectores de enfermedades (…)
a medida que cambian las condiciones de vida, también cambian las oportunidades para
la enfermedad” (García Bravo y Gandarilla Salgado 2021a, 86).
El recorrido crítico del libro es simultáneamente un transitar por la búsqueda de
herramientas teórico-conceptuales que apuntan a una indagación profunda por la exploración
de racionalidades, solidaridades y comunidades alternativas. La idea de una cosmopolítica
-en la bella formulación de Isabelle Stengers- sirve de suplemento reflexivo a las
voces críticas que establecen una alerta en “el todavía indescifrable comportamiento
del virus, que pareciera ser un grito estruendoso de la naturaleza para detener esa
cultura (moderna) de la desmesura en la obtención de ganancia” (García Bravo y Gandarilla Salgado 2021b, 20). Este desplazamiento ontológico y epistemológico en la crítica al logos colonial-moderno
recupera comprehensivamente la desconexión de Samir Amin, el desprendimiento decolonial
de Walter Mignolo y el pensamiento abismal de Boaventura de Sousa Santos, para vincularlos
con la potencia demoledora de humanidades de Donna Haraway y cosmopolítica de Isabelle Stengers, en sus sendas deconstrucciones
del dualismo cartesiano. En palabras de García Bravo, la invitación a repensar la
totalidad histórico-social-natural obliga a rebasar la distinción naturaleza y cultura
reconociendo “la simpoiesis que conjuga simbiosis y poiesis, vida común, asociación
colectiva y co-creación, como forma de relación primordial e imprescindible para la
vida misma” (García Bravo 2021a, 70).
Sin duda alguna, la búsqueda de interrogantes que logren captar un más allá de la
lógica mercantilista, privatizadora y cosificadora que orientó la organización de
los sistemas de salud en los últimos cuarenta años, es una apuesta por asumir las
contradicciones, paradojas y límites de la ontología posesiva neoliberal “¿cómo podemos
tener una experiencia profunda de los sentidos para articular y sa ber tejer alianzas,
darnos tiempo de conocer y configurar un mundo con otra perspectiva, otras formas
de interacción, aprendiendo de las ontologías relacionales como las llama Arturo Escobar?”
(García Bravo 2021b, 47). Las características de una crisis que es civilizatoria, de acumulación y de regulación,
visibiliza la irrupción crítica de identidades que fueron despojadas, fracturadas
y excluidas en la implantación del logos colonial-moderno. El encubrimiento como destrucción
ontológica y epistemológica de naturalezas, culturas y comunidades expulsó del universo
simbólico formas de sanación que se conectaban con una ecología de saberes. En América
Latina, explorar estas posibilidades pasa por reconocer los límites de los gobiernos
progresistas que intentaron diseñar políticas posneoliberales sin romper con una racionalidad
tecno-instrumental del dominio. La búsqueda alternativa de racionalidades, solidaridades
y comunalidades pasa por confrontar la lógica del sistema capitalista-colonial, y
este tópico es central, en los trabajos que componen este libro de intervención crítica
en el acontecimiento planetario de la pandemia.