Introducción
EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS, el sobrepeso y la obesidad (SyO) se han convertido en un problema
de carácter epidemiológico en todo el mundo, cuyas principales causas son la mala
alimentación y la falta de acondicionamiento físico por parte de las personas. Lo
anterior ha llevado a la Organización Mundial de la Salud y a las Naciones Unidas
a establecer una serie de estrategias de carácter mundial encaminadas a mejorar los
hábitos alimenticios y de ejercicio físico de las personas, a fin de reducir los altos
índices de personas con SyO.
En este sentido, los problemas del SyO en las personas no han sido la excepción para
México, pues de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, el 70%
de las personas padecen de sobrepeso y casi una tercera parte de la población tiene
obesidad. Lo cual, ha llevado al gobierno mexicano a establecer diversas estrategias
encaminadas a revertir los actuales problemas de salud que azotan a gran parte de
la población de todas las edades, a fin de mejorar el nivel de vida de las personas.
Dada esta problemática, es que nos proponemos analizar la recaudación de la política
tributaria de México para combatir el consumo de productos ricos en calorías, así
como los porcentajes de personas con problemas de SyO. Si bien es voluntad de las
personas elegir sus dietas alimenticias y satisfacer sus necesidades básicas con productos
de su preferencia, los impuestos pueden resultar un gran instrumento con buena capacidad
para incidir en los hábitos alimenticios de las personas y desmotivar el consumo de
ciertos productos no propios para una correcta alimentación.
El presente estudio es una investigación documental de carácter descriptiva y de corte
longitudinal, a través de la cual se analiza la recaudación de la política tributaria
establecida en México para reducir el consumo de alimentos chatarra, cuyo fin extrafiscal
es combatir el SyO en las personas. De esta forma, se establece que la política tributaria
aplicada a la comida chatarra no ha generado los resultados esperados, pues desde
el 2014 cuando se estableció dicha política, la recaudación del impuesto especial
aplicado a los alimentos básicos y bebidas saborizadas sigue en aumento año tras año,
sin por esto haber disminuido el índice de SyO.
Antecedentes de las dietas chatarra
A finales de la década de los años 80 surgió el modelo económico neoliberal, el cual
soporta el crecimiento económico de los países en la globalización económica, con
el propósito de generar un mayor desarrollo social en todos los países participantes
y una mejor estabilidad en los precios de los bienes o servicios ofertados en los
mercados (Pérez et al. 2022, 93). De esta manera, se prometió un mejor desarrollo social y económico en los hogares
de las personas, cuyos beneficios se verían reflejados en sus vidas.
No obstante, la globalización económica también trajo consigo un gran auge comercial
en la industria alimenticia, al permitir la entrada de grandes empresas procesadoras
de alimentos en los países en desarrollo, cuyas industrias fueron capaces de producir
alimentos a gran escala y a menores costos en comparación con las industrias locales
de dichos países (Mena et al. 2021, 124). De esta manera, las industrias alimentarias externas fueron capaces de poner productos
alimenticios procesados al alcance de las personas a menores costos y de fácil acceso,
gracias a la implementación de sus sistemas de comercialización.
Otero (2019, 4) explica, por consiguiente, que los problemas de SyO se remontan a las décadas de
los años 80, con el surgimiento de las dietas neoliberales tras la apertura de las
fronteras comerciales y de los mercados económicos entre los diversos países o regiones
económicas. Por lo cual, las culturas alimenticias de las personas empezaron a sufrir
cambios importantes en sus hogares, dando paso a nuevas costumbres para su alimentación
cuya base de preparación son alimentos transformados industrialmente y producidos
a gran escala para su consumo.
Entre los sectores de la industria alimenticia neoliberal se destacan varios ramos
alimenticios: cadenas de comida rápida, procesadoras de bebidas refrescantes, productoras
de alimentos procesados con ingredientes artificiales, entre una gran cantidad de
productos alimenticios sustitutos de productos naturales, cuya característica en común
en todos ellos son sus altos contenidos calóricos y de grasas saturadas; así como
su gran facilidad de procesamiento a grandes escalas para satisfacer la demanda de
la sociedad a bajos costos de producción en comparación con los productos alimenticios
naturales.
México no ha sido la excepción, pues, con la puesta en marcha de la política económica
neoliberal, su industria alimentaria fue absorbida rápidamente por los grandes corporativos
de comida industrializada, relevando a un segundo término a las industrias de comida
nacionales con procesos poco industrializados y de alto costo (Barrera 2021, 4). De tal manera, la cultura mexicana alimenticia se vio alterada rápidamente con
las nuevas tendencias de alimentación, y surgieron cambios en los hábitos alimenticios
de los mexicanos.
¿Qué es la dieta neoliberal? De acuerdo con Otero (2019, 4), la dieta neoliberal se caracteriza por consumir alimentos ricos en grasas saturadas
y calorías vacías, pues gran parte de estos productos alimenticios están al alcance
de todos los estratos sociales debido a sus precios accesibles y disponibilidad en
cualquier establecimiento comercial. De esta forma, la dieta neoliberal surge con
el consumo de una gran variedad de alimentos industrializados y procesados por las
grandes empresas corporativas, los cuales son puestos al alcance de todos los sectores
sociales.
Entre otras opiniones, Arias (2021, 9) argumenta que las dietas neoliberales han alcanzado un mayor auge en las personas
gracias a las brechas de desigualdad socioeconómica generada entre las regiones, las
naciones y entre los propios individuos, pues la capacidad económica de las personas
difiere considerablemente, y cuya situación no permite a todas las personas tener
el debido acceso a alimentos saludables. En este sentido, podría resultar irónico
que los alimentos chatarra puedan llegar a precios accesibles a casi todos los rincones
de un país, mientras que los alimentos saludables no tengan la misma suerte; sin embargo,
habremos de considerar el contexto de la cultura alimentaria, donde Aguirre (2017) explica que esta va más allá de la propia nutrición, pues el ser humano simplemente
busca saciar sus necesidades fisiológicas, cuyas formas y gustos dependerán de su
propio contexto cultural y no de los nutrientes que deba consumir para mantener una
anatomía saludable. Es decir, el ser humano no es libre de elegir su propio alimento,
pues existen diversos factores que influyen en su elección.
Para resumir, los hábitos alimenticios de las personas han sido moldeados hacia las
nuevas dietas neoliberales desarrolladas por la gran industria alimenticia, la cual
ha sido capaz de desplazar a los comensales culturales de las familias. No obstante,
Cruz (2022, 346) argumenta la posibilidad de revertir esas culturas modernas de alimentación y recuperar
la alimentación familiar, para lo cual es necesario hacer conciencia sobre los factores
con influencia en nuestras decisiones alimenticias. Razón por la cual, es posible
poder incidir en los hábitos de alimentación de las personas a través de estrategias
públicas y así poder reducir las brechas de la desigualdad alimentaria.
Contexto internacional del sobrepeso y la obesidad
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975 el número de
personas con obesidad se ha triplicado en todo el mundo, razón por la cual esto se
ha convertido en un problema de salud epidemiológico, al haber cobrado un gran número
de vidas. Tan solo en 2016, más de 1,900 millones de personas mayores de 18 años tenían
problemas de sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran también obesos. Es
decir, el 39% de las personas adultas mayores de 18 años tuvo sobrepeso en el mundo,
y el 13% de la población total padecía obesidad.
Por otro lado, en el 2016, en el mundo, 41 millones de niños menores de cinco años
tuvieron sobrepeso u obesidad, mientras que 340 millones de niños y adolescentes de
5 a 19 años presentaron sobrepeso u obesidad. Entonces, el SyO son un tema de salud
mundial impactando a gran parte de los países de ciertas regiones en específico, lo
cual no ha pasado desapercibido por los diversos organismos mundiales y regiones para
buscar estrategias capaces de revertir dichos problemas de salud.
Al respecto, en 2004 se adoptó la “Estrategia mundial OMS sobre régimen alimentario,
actividad física y salud”, por parte de la Asamblea Mundial de la Salud, donde se
establecen medidas especiales básicas para respaldar dietas sanas y actividad física
en las personas. Asimismo, en dicha estrategia se exhorta a todas las partes interesadas
de todos los sectores a adoptar las medidas establecidas de carácter mundial, regional
y local, con el fin de erradicar o disminuir en la medida de lo posible los problemas
de SyO.
Posteriormente, en septiembre del 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas
sobre la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles aprobó la Declaración política de la reunión de alto nivel, en la cual se reconoce y expone la importancia para la sociedad en general de poder
reducir las dietas malsanas y la inactividad físicas (Naciones Unidas 2011). Ahí mismo, también se adquiere el compromiso de promover y explicar la “Estrategia
mundial OMS sobre régimen alimentario, actividad física y salud”, a través de diversas
estrategias públicas.
De la misma forma, la OMS creo el “Plan de acción mundial para la prevención y el
control de las enfermedades no transmisibles, 2013-2020”, cuyo objetivo fue ayudar
a alcanzar los compromisos de la Declaración Política de las Naciones Unidas sobre
las Enfermedades No Transmisibles aprobada en el 2011. Cuyo plan de acción mundial
contribuiría a realizar avances en nueve metas relativas a las enfermedades no transmisibles
para el 2025, en donde se incluye la detención de los índices de obesidad mundial.
Por otro lado, en el 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció la
Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, estableciendo una serie de metas y objetivos
encaminados a erradicar las brechas de desigualdad social, así como a proteger el
medio ambiente a través de un desarrollo económico sustentable (Ojeda et al. 2019, 93). Dentro de la Agenda 2030, se instauró el objetivo dos “Hambre cero” donde se establece
la necesidad de impulsar políticas públicas capaces de erradicar las desigualdades
generadas por la industria alimenticia, pues hay personas en el mundo sin acceso a
una alimentación digna y saludable (Carrillo y Toca 2021, 3).
De esta manera, durante la última década, los diversos organismos mundiales han manifestado
una mayor preocupación por mejorar los hábitos alimenticios de las personas, pues
el consumo de alimentos ricos en grasas y en calorías vacías ha llevado a gran parte
de la población mundial a experimentar SyO. No obstante, Arias (2021, 30) explica como solución al problema del SyO el deber buscar estrategias tanto integrales
como transversales capaces de hacer frente desde varios campos de acción, debido a
ser varios los factores que contribuyen a dicha problemática.
Contexto del sobrepeso y obesidad en México
De acuerdo con información publicada por el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales
de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en México, el 70% de los mexicanos padece
sobrepeso y casi una tercera parte presenta obesidad, este último padecimiento se
relaciona estrechamente con enfermedades como la diabetes y cardiovasculares, así
como trastornos óseos, musculares y ciertos tipos de cáncer. En este sentido, México
presenta un problema de salud muy serio afectando a gran parte de la sociedad mexicana
de todas las edades y sectores sociales (Delgado 2020, 20).
Por otro lado, López et al. (2021, 17) explican, según estudios epidemiológicos en México, calcular un aproximado del 80%
de niños de 10 a 14 años sin realizar actividades físicas, esto es, inactivos en este
sentido, así como cerca del 32% de los niños escolares de 5 a 11 años de edad con
presencia de problemas de SyO. Por lo cual, en México el SyO infantil es también un
problema social de carácter epidemiológico, y de interés público por parte del gobierno
mexicano.
De esta forma, los problemas de SyO en México están pasando a niveles nunca antes
vistos, pues no solamente se presentan en los sectores sociales más vulnerables o
en las regiones rurales, sino en todos los rangos sociales de todas las zonas urbanas
(Shamah et al. 2020, 2). Por lo cual, el problema de SyO en las personas por los malos hábitos alimenticios
y la falta de actividad física es un fenómeno social muy preocupante para los gobiernos
federales de las últimas administraciones.
No obstante, Kánter (2021, 13) menciona el haberse implementado, en los últimos años, en México, varias políticas
y estrategias públicas en pos de reducir los problemas de SyO en las personas, aunque
han sido pocos los resultados alcanzados en dicha materia. Si bien, tales políticas
no han sido suficientes para reducir los altos índices de personas en situación de
SyO, por lo menos sí se han estado probando mecanismos en el afán de erradicar esos
problemas de salud con tanta afectación en la sociedad y, además, representando un
costo social para el gobierno.
En este sentido, las políticas y estrategias públicas para detener los problemas de
SyO en las personas no deben llevarse a cabo desde una sola perspectiva o enfoque,
es necesario desarrollar desde una visión transversal, a fin de ser capaces de hacer
frente desde la causa del origen de dichos padecimientos (Ávila et al. 2018, 358; Arias 2021, 30), de tal forma que el SyO puedan ser atendidas desde varios campos de acción, más
allá de los hábitos alimenticios y la falta de actividad física, como puede ser la
estrategia tributaria.
Con respecto a lo anterior, en el 2011 entra en vigor la Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010:
especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados-información
comercial y sanitaria; la cual volvió a tener modificaciones en el 2019 pues resultaba
incomprensible hasta para los nutricionistas; el objetivo de dicha norma es atender
los problemas de SyO padecidos por gran parte de la población; por lo cual, la industria
alimenticia debe atender los nuevos criterios de etiquetado de alimentos y bebidas
no alcohólicas establecidos por un sistema frontal de advertencia para los consumidores
(los sellos negros, los cuales tienen un mayor impacto).
Asimismo, Guillén (2020, 25) expone que en México las autoridades gubernamentales han intentado diversas acciones
enfocadas a reducir los problemas de SyO, principalmente la infantil. Dentro de las
acciones enfocadas en detener el SyO, en el 2014 se estableció el acuerdo mediante
el cual se establecen los lineamientos generales para el expendio y distribución de
alimentos y bebidas preparados y procesados en las escuelas del Sistema Educativo
Nacional (Muñoz 2018, 17). De esta forma, no se permitió la venta de comida chatarra en las escuelas de nivel
básico.
Por otro lado, en el 2014 se establecieron impuestos especiales a los alimentos con
exceso de calorías y a las bebidas azucaradas, cuya reforma tributaria gravo una gran
variedad de productos alimenticios considerados comida chatarra, y que, de acuerdo
con Cárdenas (2021, 3), son llamados como impuestos a la comida chatarra, cuyo objetivo es internalizar
el costo social que generan dichos alimentos calóricos a la sociedad y al gobierno.
De esta forma, el gobierno apostó por primera vez por estrategias de carácter fiscal
para reducir o detener el problema de SyO.
En otras de las estrategias, durante el 2017-2018, el gobierno de México a través
del Instituto Mexicano del Seguro Social, llevo a cabo una campaña masiva del programa
“chécate, mídete y muévete”, a través del cual se trató de hacer conciencia del sobrepeso
y obesidad en las personas adultas (Guillen 2020, 26). En donde, según un estudio de Salazar et al. (2018, 356), el 11% de las personas adultas tuvo conocimiento de dicha campaña y el 31% de las
personas logró comprender el objetivo de la campaña “chécate, mídete y muévete”.
De esta forma, en la última década, el gobierno de México ha estado trabajando en
reducir el índice de personas con problemas de SyO a través de estrategias públicas
desde diversas perspectivas, cuyos campos de acción han sido a través de la Secretaría
de Educación, la Secretaría de Salud y, recientemente, desde la Secretaría de Hacienda.
Por lo anterior, los esfuerzos del gobierno federal han seguido las directrices establecidas
por los Organismos Mundiales en pos de reducir los problemas de salud por los cuales
se ve afectada gran parte de la población.
Los tributos extrafiscales como estrategia social
De acuerdo con García (2020, 93), los tributos son establecidos por el Estado con el propósito de recaudar los recursos
financieros necesarios para poder llevar a cabo sus funciones públicas y alcanzar
los objetivos sociales establecidos en la propia constitución. De esta forma, los
gobiernos son capaces de financiar el gasto público de la hacienda pública y llevar
a cabo diversas actividades que están orientadas a cubrir diversas necesidades sociales
del Estado y alcanzar un mejor desarrollo social colectivo.
Sin embargo, Lázaro (2017) explica que con el transcurso del tiempo y atendiendo a nuevos contextos sociales,
económicos y ambientales que afectan a las sociedades actuales, los Estados han adoptado
nuevas contribuciones alejadas de sus fines de recaudación y centradas en atender
ciertos problemas de diversa índole, y acuñadas bajo el nombre de contribuciones extrafiscales.
Por otro lado, las contribuciones extrafiscales son también un instrumento para la
recaudación de recursos financieros, sin embargo, su principal finalidad se centra
en incentivar o desincentivar conductas de personas y ciertas actividades de los sectores
económicos (Herrera et al. 2018, 16).
Por otro lado, Rozo (2017, 160) explica que los tributos extrafiscales son desarrollados por los Estados con el propósito
de poder alcanzar metas distintas a la recaudación financiera, pues en gran parte
de las constituciones de los países existe la obligación del Estado de proteger y
garantizar ciertas actividades orientadas a la integración e inclusión social. Por
lo cual, los tributos extrafiscales alcanzan objetivos primordiales distintos a la
recaudación, enfocando su efectividad en estabilizar ciertas conductas de las personas,
en incentivar o desincentivar las actividades económicas de ciertos sectores económicos
en protección del medio ambiente o cuestiones de bienestar social (en el caso de la
salud).
De esta forma, cuando en la Constitución Política se establece como obligación del
Estado la salvaguarda y promoción del desarrollo social, económico y ambiental de
un país, el gobierno queda dotado con poder jurídico para emprender diversas acciones
y estrategias en pos de dichas funciones a través de sus políticas públicas. Así,
el Estado puede impulsar el bienestar social a través de su política tributaria y
tratar de corregir aquellas conductas de las personas que afectan a la sociedad en
general (Ojeda et al. 2019, 95).
La política tributaria aplicada al sector alimenticio en México
De acuerdo con Arias (2021, 30), existe la necesidad de establecer y aplicar políticas fiscales directamente a las
grandes compañías o corporaciones dedicadas a la producción y comercialización de
alimentos industrializados con altos contenidos calóricos, los cuales tienen una incidencia
directa con los problemas de SyO en las personas; y, a través de impuestos en los
precios de los bienes, hacer posible la internalización de los costos generados al
sector salud del Estado, y así empezar a responsabilizar a las empresas por los daños
generados en la salud (Carrillo y Toca 2021, 2).
No obstante, Bustos y Molina (2015, 3) explica que el establecimiento de impuestos a la comida chatarra debe seguir un procedimiento
gradual, pues, de lo contrario podrían convertirse en un privilegio para seguir causando
daños sociales, lo cual no es el objetivo de dichos instrumentos tributarios. Aunque
uno de los beneficios directos para la sociedad cuando se establecen impuestos a la
comida chatarra es que el costo de la externalidad negativa deja de ser un peso para
la sociedad, al conseguir el Estado recaudar de las empresas los recursos necesarios
para destinar los fondos necesarios a subsanar los problemas sociales generados.
Con respecto a lo anterior, Delgado (2020, pág. 19) dice que, como parte de las estrategias para detener los problemas de SyO en las
personas, el gobierno de México estableció un impuesto para gravar aquellos alimentos
y bebidas cuyo contenido calórico afecta la salud de las personas, el cual, incluso,
grava los servicios relacionados con su comercialización. De esta forma, la política
pública del gobierno federal está apostando por explotar otros campos de acción en
su afán de frenar los altos índices de sobrepeso y obesidad en las personas adultas
e infantiles.
De esta forma, en 2014, la Ley del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (LIEPS)
tuvo cambios importantes en su normativa permitiendo gravar diversos productos alimenticios
de alto contenido calórico conocidos generalmente como comida chatarra-, con el fin
de desincentivar a las personas al consumo de los mismos y hacer de ellas personas
con una vida más saludable (Camacho y Claire 2015, 7). De tal forma, se establecieron tasas y cuotas a una gran variedad de alimentos
dañinos a la salud y a ciertos servicios relacionados con su distribución.
Con respecto a las bebidas saborizadas, en el inciso G de la fracción primera del
artículo segundo de la LIEPS quedan gravadas y comprenden lo siguiente: “concentrados,
polvos, jarabes, esencias o extractos de sabores, que al diluirse permitan obtener
bebidas saborizadas”, así como también “jarabes o concentrado para preparar bebidas
saborizadas que se expendan en envases abiertos utilizando aparatos automáticos, eléctricos
o mecánicos, siempre que los bienes a que se refiere este enciso contengan cualquier
tipo de azúcares añadidos”. Por lo cual, se gravan una gran variedad de bebidas refrescantes
sin importar el nombre con el cual sean denominadas en el mercado.
En cuanto a la cuota aplicable a las bebidas saborizadas en México, en el párrafo
segundo del inciso G de la fracción primera del artículo segundo de la LIEPS, se establece
que por cada litro de bebida saborizada se deberá pagar una cantidad equivalente a
1.3036 pesos. Y, cuando se trate de concentrados, polvos jarabes, extractos de sabores
y esencias, el número de litros se determinará según el número de litros a rendir
según las especificaciones del fabricante, a fin de aplicar la cuota correspondiente.
En el caso de la comida chatarra, en el inciso J de la fracción primera del artículo
segundo de la LIEPS, se establece para los alimentos no básicos con una densidad calórica
de 275 kilocalorías o mayor por cada 100 gramos un gravamen con tasa del 8% sobre
su valor comercial, cuya lista de alimentos incluye los siguientes: botanas, productos
de confitería, chocolate y demás productos derivados del cacao, flanes y pudines,
dulces de frutas y hortalizas, cremas de cacahuate y avellana, dulces de leche, alimentos
preparados a base de cereales, helados, nieves y paletas de hielo.
Por lo cual, una gran variedad de alimentos no básicos y bebidas saborizadas son gravadas
a través de la Ley del Impuestos Especial sobre Productos y Servicios, sin importar
bajo cual nombre puedan ser ofertadas en el mercado. De esta forma, el gobierno de
México trata por primera vez de internalizar los costos sociales de la comida chatarra
(el costo social puede resultar muy elevado si se considera el tratamiento médico
hasta el desenlace del paciente) mediante el establecimiento de impuestos extrafiscales
a través de los precios de dichos productos, y así intentar recaudar recursos financieros
para sostener el gasto público del sector salud generado por los problemas de SyO.
De esta forma, el gobierno de México busca incidir en el consumo de las personas a
través del impuesto especial sobre producción y servicios aplicado a la comida chatarra
y bebidas saborizadas, pues el gravamen establecido termina por incrementar el costo
de todos los alimentos con alto contenido calórico. De tal manera, dicho impuesto,
al ser de tipo indirecto y recaer directamente en el consumidor final afecta el poder
adquisitivo de las personas y estas pueden verse desincentivadas a seguir consumiendo
los alimentos dañinos en sus dietas alimenticias al deber pagar un precio mayor por
dichos productos. Es decir, al encarecer el precio de adquisición de los alimentos
chatarra se puede incidir en los hábitos de alimentación de las personas o por lo
menos a incentivarlas a consumir dichos bienes en menores proporciones.
Metodología
El presente estudio es una investigación documental de carácter descriptiva y de corte
longitudinal, a través de la cual se analiza la recaudación de la política tributaria
aplicada sobre la comida chatarra, cuyo fin extrafiscal es reducir el consumo de comida
no básica y reducir el SyO en las personas. De esta forma, se estudia la recaudación
tributaria del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, correspondiente al
gravamen sobre bebidas saborizadas y alimentos no básicos, y así, permitirnos ver
cuál ha sido la tendencia de la producción y comercialización de los alimenticios
no básicos. Asimismo, se consideran los porcentajes de personas con SyO de las últimas
décadas para revisar su tendencia y poder contrastar si efectivamente hay cambios
tras la implementación de la política tributaria sobre alimentos chatarra.
Con respecto al análisis del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios correspondiente
al gravamen sobre bebidas saborizadas y alimentos no básicos, se revisarán las estadísticas
de recaudación del 2014 al 2022, las cuales son publicadas anualmente por la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público. Igualmente, para la revisión de los indicadores de
recaudación se utilizará la estadística descriptiva básica y para su presentación
se usarán series de tiempo a través de gráficas, a fin poder visualizar las tendencias
de recaudación durante el periodo 2014-2022.
En cuanto al análisis de los índices de SyO en las personas, se examinan los siguientes
indicadores: personas menores de 0 a 4 años durante 2012-2018, personas menores de
5 a 11 años de 1999-2019, personas adolescentes de 12 a 19 años de 2006-2019, y de
personas adultas de 1988-2019. También, para el estudio de los indicadores de SyO
en las personas se utilizará la estadística descriptiva básica, y para su presentación
se usarán series de tiempo a través de gráficas, a fin de visualizar la tendencia
de dichos índices una vez implementada la política tributaria. De esta forma, tras
el establecimiento de la política tributaria sobre comida chatarra se deberían notar
cambios favorables en los porcentajes de las personas con SyO.
Resultados de la investigación
De acuerdo con la Gráfica 1, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios sobre los alimentos no básicos
con un contenido calórico igual o superior a 275 calorías por cada 100 gramos, durante
el 2014 y el 2018 tuvo una recaudación con tendencia positiva alcanzando los 23,112
millones de pesos en el 2018, sin embargo, durante la pandemia del COVID del 2019
al 2020, la recaudación de este gravamen disminuyó hasta los 21,049 millones de pesos.
No obstante, puede apreciarse un aumento de más del doble de la recaudación del 2014
al 2022 al pasar de 13,285 a 30,333 millones de pesos en tan solo 9 años, periodo
no muy largo como para darse esta duplicación.
Con respecto a los alimentos considerados como alimentos no básicos (botanas, productos
de confitería, chocolate y demás productos derivados del cacao, flanes y pudines,
dulces de frutas y hortalizas, cremas de cacahuate y avellana, dulces de leche, alimentos
preparados a base de cereales, helados, nieves y paletas de hielo), sus contenidos
los podemos encontrar en una gran variedad de productos que son comercializados en
casi todo tipo de establecimientos comerciales, lo cual facilita su acceso a casi
todas las personas. En este sentido, los indicadores de la Gráfica 1 podrían señalar que, en los últimos nueve años, la comercialización de comida chatarra
se ha duplicado en México.
En cuanto a la Gráfica 2, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios que grava las bebidas saborizadas,
durante el 2014 y el 2016 tuvo una recaudación con tendencia positiva alcanzando los
23,349 millones de pesos en el 2016, sin embargo, en el 2017 la recaudación descendió
ligeramente hasta los 23,163 millones de pesos. No obstante, desde el 2018 hasta el
2022 la recaudación por la producción y comercialización de bebidas saborizadas ha
presentado una tendencia progresiva muy marcada, pasando de los 25,908 a los 34,003
millones de pesos en el 2022. Aunque, en términos generales se puede apreciar que
la recaudación casi se duplicó del 2014 al 2022 al pasar de 18,255 a 34,003 millones
de pesos en tan solo nueve años, lapso no muy largo, si se toma en cuenta el ritmo
de recaudación.
Con respecto a las bebidas saborizadas, cuya definición alcanza los concentrados,
polvos jarabes, extractos de sabores y esencias para su preparación, y sus derivados
los podemos encontrar en una gran variedad de productos comercializados en casi todo
tipo de establecimientos comerciales, lo cual facilita su acceso a casi todas las
personas. Por lo cual, los indicadores de la Gráfica 2 muestran cómo, en los últimos nueve años, la comercialización de bebidas saborizadas
en México prácticamente se ha duplicado, es decir, las personas siguen consumiendo
una gran variedad de bebidas refrescantes saborizadas como parte de sus dietas alimenticias.
Haciendo un análisis integral de la recaudación del Impuesto Especial sobre Producción
y Servicios que grava las bebidas saborizadas y los alimentos no básicos, en la Gráfica 3 se puede observar la recaudación total por el impuesto a la comida chatarra, cuya
cifra en el 2022 fue de 64,336 millones de pesos. De donde, la recaudación tributaria
por producción y comercialización de comida chatarra por parte del gobierno de México
está generando más recursos financieros para financiar programas sociales para combatir
el SyO de las personas, así como para destinar recursos a programas alimenticios que
contemplen dietas saludables para los sectores sociales más vulnerables, aunque de
antemano debe mencionarse la insuficiencia de dichos recursos para cubrir todos los
problemas sociales generados por el consumo de alimentos chatarra.
Asimismo, si se analiza el objetivo del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios
que grava las bebidas saborizadas y los alimentos no básicos, no se trata de estar
siendo un impuesto con una capacidad eficiente en recaudación tributa ria, sino de
ser capaz de incidir en los hábitos de consumo de las personas y desincentivarlos
a seguir consumiendo aquellos alimentos que afectan su salud, a fin de reducir los
índices de SyO en México, pues es mucho más viable y sustentable para un país poder
reducir los malos hábitos alimenticios de las personas y no el estar atendiendo a
gran parte de una población por cuestiones de salud (algunas enfermedades requieren
tratamientos médicos de por vida en las personas).
Por otro lado, de acuerdo con la Gráfica 4, en México, la población de menores entre los 0 y 4 años con problemas de SyO bajó
2.9 puntos porcentuales del 2012 al 2018, pues en el 2012 el porcentaje fue de 9.7%
y para el 2018 de 6.8%. No obstante, el periodo donde se vio una reducción considerable
fue en el 2016 con un 5.8%, aunque para el 2016 hubo una ligera tendencia positiva
al incrementar una unidad porcentual llegando a los 6.8. De esta forma, en México,
la población de 0 a 4 años con SyO disminuyó para el 2018 en comparación con las cifras
del 2012; sin embargo, a partir del 2016 la tendencia negativa cambió a positiva para
2018, por lo cual será importante poder visualizar esta tendencia a futuro, a fin
de poder desarrollar por parte del gobierno de México las acciones y estrategias correspondientes
para combatir el SyO en la población de 0 a 4 años.
Gráfica 4
Menores de 0 a 4 años con sobrepeso y obesidad en México, 2012-2018.

Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta nacional de salud y nutrición 2018-2019. Resultados nacionales.
De acuerdo con la Gráfica 5, en México, la población de menores de 5 a 11 años con sobrepeso alcanzó en promedio
el 19% entre 1999 y 2019, no obstante, durante dicho periodo se observa una tendencia
de curva, en donde 2006 fue el año con la mayor tasa al alcanzar, 20.2%, para posteriormente
descender a 18.0% en 2019. De esta manera, la tasa de menores de 5 a 11 años con sobrepeso
descendió 1.8 puntos porcentuales del 2012 al 2019. Por lo cual, en este aspecto,
probablemente el impuesto a la comida chatarra tuvo un impacto en este sector poblacional,
que de alguna forma incide en la economía de los padres de los menores.
Gráfica 5
Menores de 5 a 11 años con sobrepeso y obesidad en México, 1999-2019.

Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta nacional de salud y nutrición 2018-2019. Resultados nacionales.
Con respecto a la obesidad en los menores de 5 a 11 años en México, durante 1999 y
2018 se observó una tendencia progresiva más marcada, pues el porcentaje pasó de 9.0%
a 17.5%, cuyos datos fuertes se generaron durante 1999 y 2016 con un alza de 5.6 puntos
y del 2012 al 2019 con 2.9 puntos porcentuales. Por lo cual, si bien se ha reducido
ligeramente el porcentaje de personas con sobrepeso, el porcentaje de personas menores
de 5 a 11 años con obesidad se ha incrementado considerablemente en los últimos años.
Probablemente el aumento del consumo de comida chatarra pueda ser una de las causas
de la obesidad infantil en México (según los datos de recaudación por comida no básica,
la producción y comercialización de comida chatarra han aumentado).
En el caso de los adolescentes de 12 a 19 años de edad con sobrepeso en México, en
la Gráfica 6 se puede observar una tendencia progresiva durante el periodo 2006 y 2019, en donde
incluso hubo un incremento en las tres mediciones, en cuyo lapso la tasa pasó de 21.3%
a 23.8% respectivamente. Es decir, durante 13 años la tasa de adolescentes de 12 a
19 años de edad con sobrepeso tuvo un incremento de 2.5 puntos porcentuales, por lo
cual esta tasa en los jóvenes de dicha edad ha ido en aumento. Se podría decir que
el impuesto especial aplicado a la comida chatarra no ha tenido incidencia en los
hábitos alimenticios de los jóvenes de 12 a 19 años de edad, aunque tal vez si no
se hubiera establecido dicha política tributaria la tasa pudo haber sido más alta.
Gráfica 6
Adolescente de 12 a 19 años con sobrepeso y obesidad en México, 2006-2019.

Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta nacional de salud y nutrición 2018-2019. Resultados nacionales.
En lo que respecta al problema de la obesidad en los adolescentes de 12 a 19 años
en México, la Gráfica 6 muestra la tendencia positiva durante el periodo 2006 y 2019, cuya tasa en el 2006
fue de 11.9% para pasar a 14.6% en el 2019. Es decir, en un lapso de 13 años la tasa
de adolescentes de 12 a 19 años alcanzó un incremento de 2.7 puntos porcentuales.
No obstante, si bien ambas tendencias son casi paralelas, puede observarse que las
tasas de la obesidad están en promedio a 10 puntos porcentuales por debajo de las
del sobrepeso.
En cuanto a los adultos de 20 a 49 años con sobrepeso en México, en la Gráfica 7 se puede observar una tendencia progresiva durante el periodo de 1988 a 2006, aunque
el punto crítico se da de 1988 a 1999 cuyas tasas pasaron de 25% a 36%, es decir,
un incremento de 11 puntos porcentuales en once años. Posteriormente, del 2006 al
2019 la tasa porcentual de adultos con sobrepeso se mantuvo con ligeros cambios, la
cual llegó a 36.3% en 2019. Si nos remontamos a las décadas de los años 80 y los 90,
justamente es cuando la política económica de México cambio al modelo neoliberal y
hubo un gran crecimiento en la industria alimenticia por parte de las compañías externas.
Gráfica 7
Adultos de 20 a 49 años con sobrepeso y obesidad en México, 1988-2019.

Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta nacional de salud y nutrición 2018-2019. Resultados nacionales.
Finalmente, en lo que respecta a los adultos de 20 a 49 años con obesidad en México,
en la Gráfica 7 se puede apreciar un comportamiento parecido al del sobrepeso, no obstante, en 1988
la tasa de personas adultas con obesidad era del 9.5% contra el 25% de personas adultas
con sobrepeso, aunque, para el 2012 la tasa porcentual de personas con obesidad empezó
a superar la tendencia del sobrepeso, la cual llegó a 38.5% en 2019. De esta forma,
las personas adultas es el sector social con el mayor problema de SyO en México; podría
decirse, entonces, que la política tributaria establecida para combatir el consumo
de comida chatarra en las personas de 20 a 49 años de edad no ha generado resultados,
pues no se ha podido reducir el porcentaje de personas con SyO en la población entre
los 20 y 49 años de edad.
Conclusiones
El SyO es un problema presente en las personas de todas las edades en México, cuya
causa principal son los malos hábitos alimenticios y la falta de actividad física.
Las personas adultas son el sector social más afectado con una tasa de 36.3% con sobrepeso
y un 38.5% con obesidad, cuyas cifras tienen lógica por la vida sedentaria llevada
a cabo por gran parte de las personas y por las dietas alimenticias modernas conteniendo
una gran variedad de comida poco saludable. El segundo sector social más afectado
en la cuestión de sobrepeso es el de los adolescentes, con una tasa del 23.8% en el
2019, aunque en el caso de la obesidad alcanzaron una tasa del 14.6% en el mismo año,
lo cual es razonable pues en esa etapa las personas son más activas físicamente.
Asimismo, los menores de 5 a 11 años son el tercer sector social afectado con el SyO,
cuya causa principal son los malos hábitos alimenticios y la falta de actividad física,
las cifras alcanzaron una tasa del 18% en sobrepeso y un 17.5% en obesidad. De esta
forma, casi todos los niños en edad escolar primaria con sobrepeso también padecen
obesidad, esta situación es muy parecida a la de las personas adultas (casi el mismo
porcentaje que presenta sobrepeso padece de obesidad). El sector social con la menor
tasa porcentual de SyO se encuentra en los niños menores, los de 0 a 4 años, aunque
es una etapa donde sus hábitos alimenticios no dependen de sí mismos y por lo tanto
no deberían presentarse casos.
Como hemos visto, uno de los factores con mayor influencia en los hábitos alimenticios
de las personas es la gran cantidad de alimentos procesados con alto contenido calórico
y grasas saturadas fabricados por las grandes industrias alimenticias, los cuales
están al alcance de todas las personas y con precios accesibles. Por esto, a partir
del 2014, el gobierno de México estableció el Impuesto Especial sobre Producción y
Servicios como una estrategia tributaria para gravar la producción y comercialización
de alimentos no básicos y bebidas saborizadas, a fin de combatir el SyO en las personas.
Sin embargo, las estadísticas fiscales muestran que a pesar de la recaudación del
Impuesto Especial sobre Producción y Servicios aplicado a la producción y comercialización
de alimentos básicos y bebidas saborizadas casi duplicadada del 2014 al 2022 -las
cifras pasaron de 31,539 a 64,336 millones de pesos-, en los últimos nueve años, en
México, la oferta y demanda de productos alimenticios ricos en calorías y grasas saturas
ha aumentado considerablemente, lo cual se traduce en un mayor consumo de comida chatarra
por parte de las personas en México.
Concluimos, entonces, que la política tributaria aplicada a la producción y comercialización
de alimentos no básicos y bebidas saborizadas establecida para reducir el SyO en las
personas no está generando los resultados esperados (disminuir los problemas de SyO
en las personas). Por un lado, las grandes compañías procesadoras de alimentos altos
en calorías siguen aumentando su producción y oferta en el mercado mexicano, y, por
el otro, siguen aumentando los índices de SyO en las personas de todas las edades.
De esta forma, es necesario que el gobierno de México intensifique su política tributaria
sobre la producción y comercialización de alimentos no básicos y bebidas saborizadas,
pues la carga tributaria trasladada al consumidor final de comida chatarra parece
no incidir en los hábitos alimenticios de las personas.